Inicio

 

Este artículo quisiera aportar al esclarecimiento de una de las palabras más significativas en la poesía de William Wordsworth, a saber, la imaginación, que fue quizás el concepto clave para el desarrollo de la moderna estética europea. La imaginación, sin embargo, no solo es importante porque puede hacer comprensible la configuración de la poesía del siglo XIX, sino además porque su significado fue radicalizado, a través de la crítica kantiana, por la hermenéutica fenomenológica de Heidegger (1954). Sin embargo, esta radical concepción de la imaginación, a mi juicio, ya había sido sentida y pensada por la poesía de Wordsworth. A continuación, y a partir de diversos pasajes, daré algunas indicaciones pertinentes para arrojar luz sobre esta palabra que, lejos de plantearse como una facultad de la subjetividad, señala más bien hacia un fenómeno más complejo y más rico, concentrando su sentido, en último término, en el vínculo mismo del poetizar.

En su obra El Preludio, Wordsworth, como él mismo lo declara en el subtítulo, expone el crecimiento de su mente poética. No se trata, sin embargo, de una representación artística del desarrollo de sus facultades literarias en el curso de su vida.  Es cierto que El Preludio es una obra autobiográfca, pero por ello mismo los momentos recordados tienen su sentido e importancia, en cada caso, a la vista de la vida que en el poema se repite poéticamente. Al hablar de una repetición poética de la vida, me refiero a que el poeta, situado en el mundo a partir de su posibilidad más propia, vuelve a crear lo vivido, interpretando la vida y su intención en un sentido original  Por ello la posibilidad del poeta no es creadora de manera secundaria, en el sentido de que al recordar reprodujese los momentos de su vida de manera literaria y confesional. La repetición poética que el poeta hace de su vida es creadora porque configura y establece el sentido de la propia vida. Debido a que el poeta entiende la vida como esencialmente creadora es que puede llamar poética precisamente a esa posibilidad que él mismo lleva a cabo al escribir el poema de su propio crecimiento  Al recordar y meditar lo vivido, el poeta vuelve a apropiar originariamente su vida y en ello encuentra el cumplimiento de su poetizar.

Puede decirse que es originaria la vida que se repite poéticamente porque el poeta no ha abandonado la guía de la naturaleza, pues “de ella recibe / aquella fuerza por la cual busca él la verdad, / desde ella aquella feliz calma de la mente / que la ajusta a recibirla aun sin buscarla” (Wordsworth 1995a 877; todas las traducciones son propias). En la vida orientada por la naturaleza el poeta reconoce la originaria vinculación de la existencia con el mundo. Asimismo, es cierto que la ciudad se presenta con un poder opresor, pues en ella la vida permanece regularmente derrumbada por sentimientos mezclados.  En la ciudad el “hombre verdaderamente está solo / […] cuyos ojos están condenados / a sostener un comercio vacío día a día / con motivos carentes de vida / […] Y la vecindad más sirve para dividir que para unir” (Wordsworth 1977 89). Si el poeta, al repetir poéticamente su vida en el poema, ha llegado a sentir aquel ánimo por cuya apertura la verdad está siempre presente, no significa que, por haber adquirido mayores conocimientos sobre las cosas, haya logrado un seguro bienestar en el mundo.  El ánimo fundamental que se abre naturalmente por medio del vivir poético, y que a su vez puede ser repetido poéticamente en el poema, permanece, sin embargo, incierto. Debemos tener presente esto, que el ánimo fundamental del poeta no se encuentra asegurado, pues se sabe finito (cf. De Man 49 y ss.). Pero porque ha nacido abiertamente al mundo bajo la orientación de la naturaleza y ha mantenido esta referencia de manera esencial a través de los grandes sentimientos, en suma, porque el poeta ha llegado a ser, de manera más profunda, el vínculo con las cosas, puede recrear y volver a sentir sus primeros años por el poder mismo que le dio la naturaleza.  En ese sentido dice Wordsworth: “De ahí que el Genio del poeta / pueda osadamente tomar su camino / entre los hombres, donde Natura lo / guíe; que haya él estado junto a Natura / desde antaño y que siempre lo esté” (1995a 882).

En El Preludio, Wordsworth repite poéticamente su vida al recrearla situado en relaciones originarias a partir de experiencias fundamentales. Tal situación no es arbitraria, ni ha surgido por motivos ciegos o caprichosos.  El sentido de la situación originaria de la vida que es repetida poéticamente se abre a partir de una vinculación con el ser que no está fundada meramente en la sensibilidad ni en la racionalidad, sino en una vivencia originaria.  El mundo que aquí se deja ver, a partir de las experiencias vividas por el poeta, es considerado como original, al estar la vida en relación pura con la naturaleza.  “Relación pura”, digo, en el sentido de una vida que, referida desde su inicio por “el pensativo sentimiento” (Wordsworth 1995a 786), vive en medio y siempre en relación con lo que se da por sí mismo (physei), es decir, con lo que más aparece, to phanotaton, dicho de manera platónica. Esta referencia no se establece de manera meramente “estética” o “sentimental”, sino que cada vez es repetida por la fuerza del ánimo, a partir del cual la vida humana permanece abierta al mundo.  Si el sentido de la naturaleza no se considera solamente a partir de una diferencia con el ámbito de la creación humana, entonces el poeta entiende la naturaleza como lo originario no de manera improcedente; con lo cual se justifica la razón griega, al nombrar como physis el ser primero y poderoso, como lo que prevalece por sí mismo. Pero si la naturaleza en el poema es la oferta originaria, solo la referencia del poeta puede, a su vez, darle lugar.  Por eso nuestra interpretación tiene que seguir su poetizar, es decir, tiene que acompañarlo, de modo que nosotros podamos repetir filosóficamente lo que se manifesta en el decir poético, que es él mismo una repetición. Esto es más significativo por el hecho de que nuestra repetición de ningún modo tiene necesariamente que haber “vivido” lo mismo que el poeta, ni tampoco es forzoso para entender lo dicho que uno se deba “poner en el lugar” del poeta. Asimismo, que esto no sea decisivo no quiere decir que la interpretación no sea efectivamente vital; más bien, tiene que ser esencialmente vital, porque debe repetir, bajo indicaciones filosóficas, lo que es vivido como experiencia poética. En ese sentido, la repetición, en nuestra interpretación, tiene solamente que indicar los momentos más originarios a partir de los cuales lo vivido se hace presente como experiencia fundamental. Pero ¿qué significa lo vivido por el poeta? Esto tiene que ser ante todo comprendido en relación con el vivir que es comportado en un mundo, por lo cual el contenido de lo vivido, esto es, el mundo mismo no puede estar desligado del modo como la vida del poeta ha sido y es ejercida por él. Por lo tanto, nuestra atención debe estar dirigida a la intención por la cual la vida que aquí habla permanece en referencia al mundo.

Deberemos llevar a cabo, entonces, esta repetición, pero con el único objetivo de dar luces con respecto al sentido de la imaginación, la cual, por lo demás, solo al final del poema cobra expresamente un sentido fundamental. Por ello lo repetido poéticamente al principio del poema, a saber, las tempranas experiencias juveniles, no es comprendido expresamente en relación con la imaginación.  Esto no ocurre, sin embargo, porque al poeta le resultara importante la imaginación solo posteriormente, sino porque esta no es designada así al principio, pues, por estar la vida abierta naturalmente, solo podía ser vista en ese momento como su “primera sensibilidad creativa” (Wordsworth 1995a 769). Asimismo, en el último libro del poema, Wordsworth dice: “Si la imaginación ha sido nuestro tema, / también lo fue aquel amor intelectual, el cual no puede actuar ni existir […] sin Imaginación que, en verdad, / es otro nombre para el poder absoluto” (1995a 887-888).

Debemos procurar, además, no interpretar precipitadamente, a partir de la tradición del pensamiento empírico inglés, palabras como mente (mind) u objeto (object), como si Wordsworth estuviese colocando en versos y literariamente el pensamiento filosófico de Locke y Hume. Sin embargo, es importante no desatender que Wordsworth no ignoraba esta tradición filosófica, ni desconocía tampoco la científica, lo cual hace más significativo el hecho de que las palabras que utiliza, y que habían sido tradicionalmente usadas por el pensamiento empírico, como mente, impresión, sentidos, objeto, pasión, etc., las vuelve a tomar desde la propia vivencia preteorética y destaca en ellas el sentido vital originario. Será necesario, entonces, ofrecer algunos pasajes a partir de los cuales se nos puedan abrir rasgos de aquel fenómeno que el poeta nombra como el poder absoluto de la vida.

Para comenzar, es necesario hacer notar que la intención de Wordsworth al poetizar su vida, y por tanto al encontrar en el vínculo de la vida con la naturaleza el más propio modo de ser en el mundo, denuncia expresamente al pensamiento teórico que en su época ejercía un dominio matemático-técnico. Este poeta reconoce la positividad de la ciencia, sin embargo, afirma que su “verdad no es movimiento o forma / animada con vitales funciones, sino ¡un bloque / o una imagen de cera que os habéis hecho / y adoráis!” (Wordsworth 1995a 835). Estos versos hacen referencia al modo como los científicos de la época de Wordsworth seguían con firmeza el rumbo declarado por Descartes, que por lo demás, la ciencia actual parece continuar cada vez con mayor decisión. Por eso el sentido científico de la verdad, al que Wordsworth alude en los versos anteriores, debe ya precavernos de la situación a la cual se hace referencia aquí, y que Descartes declara en un pasaje sorprendente:

Pues ellos [los conceptos que, sobre la base del cogito sum, determinan el nuevo proyecto de la esencia de la naturaleza] me han hecho ver que es posible llegar a conocimientos que sean muy útiles para la vida y que, en lugar de esa filosofía escolástica que no hace más que analizar conceptualmente una verdad previamente dada, es posible encontrar una que se dirija inmediatamente al ente y proceda contra él de manera tal que obtengamos conocimientos sobre la fuerza y las acciones del fuego, el agua, el aire, los astros, la bóveda celeste y todos los demás cuerpos que nos rodean; y este conocimiento [de lo elemental, de los elementos] será tan preciso como nuestro conocimiento de las diferentes actividades de nuestros artesanos.  Por ello podremos efectuar y emplear estos conocimientos de la misma manera para todos los propósitos para los que son apropiados, y de este modo estos conocimientos [el nuevo modo de representar] nos harán amos y propietarios de la naturaleza. (Citado en Heidegger 2000 155)

Lo decisivo de la ciencia moderna se encuentra declarado aquí como misión fundamental del saber, esto es, dominar y preparar técnicamente; en otras palabras, emplazar la totalidad de lo que es, sometiendo la naturaleza a partir de sus elementos primeros.  Esta tarea, como supone la ciencia, debe llevarse a cabo de manera objetiva, por lo cual desde su inicio se piensa que esta ejerce su actividad teórica de manera desapasionada, lo cual es falso, dado que es precisamente una determinada pasión lo que le abre al científico las posibilidades de su hacer. Así, por ejemplo, Francis Bacon dice en su obra Novum Organum:

Pues así como en la vida ordinaria se descubre y averigua mejor el genio de cada uno y las ocultas reacciones de su alma y de sus afectos cuando se le pone en trance de turbación, así también los secretos de la naturaleza se revelan mejor bajo el efecto de las vejaciones del arte que cuando ejercen su curso. (142)

Lo que Bacon llama un acto vejatorio contra la naturaleza, que ya en Descartes era una intención notablemente clara, se funda en una determinada disposición, o, dicho de otra manera, se encuentra en un especial modo de estar en relación con lo que es, cuya apertura anímica permanece orientada por los principios de la razón, a partir de los cuales las cosas pueden no solo ser medidas y calculadas, sino esencialmente preparadas y emplazadas. Así, bajo esta misma concepción, Wordsworth denuncia la “atrevida mezquindad de ciertos filósofos modernos” (Wordsworth 1936 625), que: “Examinando incansablemente todos los objetos / en desconexión muerta y sin espíritu, / y todavía dividiendo y dividiendo aún, / quebrantan todo lo elevado, aun insatisfechos / con el intento perverso, mientras la pequeñez / pueda devenir más pequeña”.

En pocas palabras, es posible decir que el rechazo o, más bien, la denuncia que Wordsworth hace en contra de la razón científica se basa en la idea de que esta tiene la intención de objetivar las cosas a través de una minuciosa pero desintegradora y desvitalizadora función analítica del entendimiento teórico  Es este modo analítico de representar el que es acusado como mal humor, pues desvincula a la vida humana de lo primario, que es reducido a primeros elementos que pueden ser preparados técnicamente. Pero lo primario no es meramente lo que primero constituye al objeto, esto es, su materialidad, sino, antes bien, lo que aparece constantemente vinculado a la vida humana. El mismo Wordsworth, en una sección de sus obras en prosa, declara con respecto a la poesía:

La apropiada ocupación de la poesía, su apropiado empleo, su privilegio y su deber, consiste en tratar las cosas no como ellas son sino como aparecen, es decir, no como ellas existen en sí mismas, sino como ellas aparecen para los sentidos y las pasiones. (1896 226)

Wordsworth establece aquí una distinción entre dos modos de vincularse a las cosas, solo que, para realzar con mayor decisión la diferencia, pone a un lado el ser y en el otro el aparecer de las cosas, lo cual podría tal vez llevar a interpretar erradamente el sentido de su distinción.  En ambos casos se trata de un determinado modo de ser, uno de los cuales, elevado ya a un primer rango por Descartes y Bacon, es el modo científico de estar referido al mundo, cuya característica principal se arraiga en una determinada apertura anímica que no es interpretada por el científico sino como “neutral” u “objetiva”. A partir de este ánimo, todo ente debe ser conocido con certeza, es decir, bajo la disposición metódicamente orientada de una razón objetivante  Mientras lo conocido por el saber científico permanece así establecido como objeto para el sujeto cognoscente, sin vinculación y puesto solo como algo disponible, Wordsworth, en cambio, advierte acerca del sentido del ser en el aparecer de las cosas, para resaltar precisamente su diferencia en relación con la objetivación positiva de las cosas conocidas.  El aparecer de las cosas no quiere decir meramente la manifestación aparente y acaso engañosa de las cosas a través de la “mera sensibilidad”. Al poeta, dice Wordsworth, las cosas se le aparecen no como algo ya emplazado en determinadas relaciones causales, sino a través de los sentidos y la pasión. Debemos advertir, de este modo, que nuestra interpretación tiene que orientarse por estos dos fenómenos que Wordsworth declara como propios del poetizar. A través del sentir y la pasión, y, habría que agregar, desde el originario sentir lo que es, no existe, es decir, no permanece separado y desvinculado a la vida humana, sino que aparece en una facticidad originaria, lo cual, por lo pronto, no debe entenderse como una vida ingenua e irracional.

Al inicio del poema, los versos introductorios expresan algo muy significativo, pero aún solo como una advertencia o más bien como un aviso, que Wordsworth, de hecho, interpreta como un signo de su andanza y su búsqueda de reposo y recogimiento para comenzar su obra poética más propia. En efecto, el poema arranca saludando a una dulce brisa que aparece para él como una bendición y que le anuncia días de maduración y plenitud. Posteriormente dice: “Porque, para mí pienso, mientras el dulce espirar del cielo soplaba en mi cuerpo, dentro sentía / una brisa correspondiente que mansamente / con virtud viva me movía…” (Wordsworth 1995a 751).

La afirmación de una cierta correspondencia tiene que hacernos advertir el sentido mismo del vínculo que el poeta poetiza, y en éste dicha correspondencia tiene que ser considerada muy cuidadosamente. Asimismo, es cierto que la imaginación pasa por ser un poder que depende de lo que se muestra y, en ese sentido, pasa por ser una capacidad mimética. Pero si la imaginación o, según las palabras del mismo Wordsworth, si la fantasía puede imitar, es porque ya la vida misma puede primeramente dar lugar y hacer un espacio para que algo se muestre por sí mismo.  Por eso podremos acceder al sentido de esta correspondencia cuando repitamos propiamente lo vivido y sentido por el poeta.

 

 

 

[Fragmento]

Sentido de la imaginación en William Wordsworth

Cristián De Bravo Delorme

Colegio Akros – Chile

 

 

 

 

 

 

 

 

Leer y escribir crítica constituye la base más sólida para convertirse en literato, en poeta, en intelectual, en profesional especializado, en investigador, e incluso en artista o participante activo de la cultura. Este ejercicio viene a significar algo así como la elaboración y el asentamiento de las ideas en torno a la materia de nuestro interés. El joven que escribe textos de crítica, además de penetrar en los problemas formales de la redacción y de la literatura, se impone la tarea de la lectura. Además de profundizar en los problemas del contenido, descubre las excelencias de la investigación. Aparte de “soltar la pluma” se hace de un lenguaje, de un vocabulario e incluso de un estilo. 

Alberto Dallal

 

 

 

 

 

 

Cada uno de nosotros tiene un prisma a través del cual percibe el mundo. Feliz aquel que distingue colores radiantes y cosas alegres.

Gustav Flaubert

 

 

 

 

 

Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene.

Juan Carlos Onetti

 

 

 

 

 

 

Si bien es cierto que hay tantas mentes como cabezas, entonces hay tantas clases de amor como corazones.

Tolstoi

 

 

 

 

 

 

Chipintok se chokaliotl uan nochimej inuaxka

se chokaliotl uan melauak chichik

se nejyamankayotl uan salijtok ipan okse xayakatl

se amo kualtsin tlanemilijle uan mitskixtsia mochan

ome ixtololojtin uan xkuelitaj mouetskalis niman kechpachkaj mopakilis

 

Hay una lágrima de tantos

una gota de amargura

una impotencia de verse en el otro

un desprecio de sí mismo en la misma  casa

unos ojos que ignoran tu risa y ahorcan tu alegría

Martín Tonalmeyotl

 

 

 

 

 

He de decirte que me expongo.

que alzo la voz desde el silencio trasero

para que la vida no pase sin mí

la próxima estación.

Mario Islasáinz

 

 

 

 

 

In my beginning is my end. In succession 

houses rise and fall, crumble, are extended, 

are removed, destroyed, restored, or in their place 

is an open field, or a factory, or a by-pass.

Old stone to new building, old timber to new fires, 

old fires to ashes, and ashes to the earth 

which is already flesh, fur and faeces,

Bone of man and beast, cornstalk and leaf. 

Houses live and die: there is a time for building 

and a time for living and for generation 

and a time for the wind to break the loosened pane 

and to shake the wainscot where the field-mouse trots 

and to shake the tattered arras woven with a silent motto. 

T. S. Eliot

 

 

 

 

 

Les poëtes, devant mes grandes attitudes,

Que j’ai l’air d’emprunter aux plus fiers monuments,

Consumeront leurs jours en d’austères études 

Charles Baudelaire 

 

 

 

 

 

Arde la misma rosa en cada rosa

José Emilio Pacheco

 

 

 

 

 

¡Ya hay hombres activos!

Soñaba la charca 

con sus mosquitos.

Antonio Machado