El cuadro negro – Heberto de Sysmo

En el interior de un complejo residencial de alta jerarquía, Frank Bartley, un anciano de aspecto saludable, amante del arte, de cabello cano y manos habilidosas, disfruta de su jubilación haciendo lo que más le gusta, cronolitos[1]. Steven, uno de sus nietos, quizá el más predilecto por continuar la vocación familiar, llega del trabajo con muchas ganas de comentarle una noticia a su abuelo.

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