Lorena Zapata Lopera | Poesía de Colombia

Lorena Zapata Lopera (Colombia, 1993). Gestora cultural de la Universidad de Antioquia, ha participado en diferentes espacios de creación poética en su ciudad. Ha participado en el Festival Internacional de poesía de Medellín, en el Festival Internacional de poesía de Quetzaltenango en Guatemala y el Festival de poesía contemporánea de San Cristóbal de las Casas en México. Recién se publica su ópera prima “Propagación”.

Escribir es para ella un compromiso con el acertijo del alma.

La otra cuestión

Después de la convocatoria faltaron las ganas;
sobre la mesa esperan las cartas sin lectores.
Cuando aprendió a hablar no había nada qué decir
primero llegó el insomnio, ahora no recuerda cómo soñar
y así, nubes de sombras sobre la ciudad de topos
y árboles secos haciendo doble turno sobre el espacio
público.
Alguien escribe su nombre en la última hoja del cuaderno
mientras se busca en primera plana.
La fuente de lo polémico son los sinónimos
un laberinto de ademanes para evitar la mirada sobre sí
misma.
Resultó que el oculto placer debía ser un estandarte,
la cuestión era una brújula que señalaba al sur a su
antojo,
las metas no tenían que ser inalcanzables
no hacían falta las comillas para decir “lo otro”.
Sin nombrar lo risible del aprender a recibir
canjeó las elementales cuatro palabras,
puso acertijos almibarados en sus ademanes
y así, huir huir huir,
el destino estaba en otra dirección.

Cara y sello

Perdón Maestro Francisco Antonio Cano

El horizonte es una grieta donde nacen los rumbos
esquivos
su trazo pende del puño cerrado que llaman futuro.
Es una delgada línea que serpentea en los pies
que amenaza con la expulsar del paraíso
a todas las manos que se acunan en el viento.
El horizonte es un punto en fuga al infinito
una danza en espiral al rededor del cuello.
El viejo trazo del mar es un exhibidor de ilusiones
y otros artilugios sobre los amantes,
tal vez también sea una frontera sostenida
en el anverso de las máscaras
o con suerte, solo sea la columna
de una moneda que juega a ser juez.

Valgo de rodillas

-A la escala floja del tercer piso-
Suspendidas en la promesa
se sientan en la escala floja,
se burlan del vanidoso equilibrio,
miran la ardilla trepar
subir subir subir,
ofrendan la tentación de caer en lo correcto
y eligen refugiarse en la caída libre
a dos mil trecientos metros sobre el nivel del mal,
bailan, ríen solas
hacen jugarretas a los afanados,
huyen de todo lo que traiga certezas consigo,
un paso en falso y dos atrás
es un vals de compás incompleto,
podría especularse que son autónomas
que cada paso gira donde apunta el desplome.
Lo que argumento en mi defensa
es que las cicatrices traman un complot a la memoria.
Rodar rodar rodar.

Correr los muebles del universo con la voz

Decirlo todo
volverse insomnio
abrir las ventanas
respirar
mudar las pieles de los días
escuchar el eco en las entrañas.
Afinar en la polifonía propia
esculpir la textura del silencio
ser el pájaro inmóvil en el segundero
que zumba en el tórax de un grillo
la mano de un dios antiguo
que hace migas la razón.
Escribirse
-como si la regeneración celular dependiera de ello-
extraviar el camino
a solas con el universo
Y escuchar.

Soledad

Hoy se presenta soledad
con su ademán de abundancia,
ofrenda un banquete de sales
en las rutas de la codicia
ya no se viste, ya no juega
solo negocia
no titubea, no danza
no tiene tiempo para perder
es una oferta de ensueño
disfraza de azar a los nuevos comensales
esos que famélicos se desvisten,
juguetean y no saben de negocios,
generalmente juglares
equilibristas que desafinan relojes,
esos, que deshidratados con la sed del mundo
llegan con las babas hasta el cuello.
Ahora la recuerdan como saciedad.
Ella, no titubea, no danza
no tiene tiempo para perder.