Poesía Mexicana | Miguel Ángel Ortiz

Miguel Ángel Ortiz (Durango, México, 1984) es autor de Huevo de avestruz (e-book/2017), así como coautor de El vicio de vivir. Ensayos sobre la literatura de José Revueltas (2014). Ha publicado, además, El cuaderno de las resignaciones (Premio Elías Nandino 2005), Milagros para una tarde de lluvia (Premio Carmen Alardín 2007) y Funerales que jamás las brujas (Premio Amado Nervo 2008).

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Novenario

 

Durante la mañana, una bruma se extendió sobre la hierba y el sonido de las personas se tornó pastoso, pero leve.
Blancor en las nubes, en los vasos lechosos del dolor.
Todos éramos, en cierto modo, una carne contra lo blanco.

*

Qué verano tan triste, y bajé una bicicleta de mis ojos, la eché a correr por la granja durante el funeral.
Cenamos un silencio espeso que alguien sirvió sobre los platos, (animales, sus viajes de juventud, sus migraciones).
Sobra decir que nadie habló sobre el polvo aquella vez.

*

Un blancor descendió, y el remolino de ruidos de los que llegaban o partían, de los que esperaron, se volvió un montón de piedras sobre almohadas.

*

Si hubiese una noche, si hubiese que testificar arriba de todos los peces, si hubiera que declarar frente a un faro extinto de luz, habré de sacar un libro de entre el polvo —pájaro enfermo que cae de un árbol—.
Y el corazón no muere cuando uno cree que debería” [1].
Y no murió.

*

El tiempo—gradualmente más denso, y no obstante, más claro—, evidencia a una serie de animalitos—que fui, que fuimos—fijados con pinzas sobre una pared.

*

No volviste, no regresaste, me abandonaste en medio de esta blancura, y aquí me llené los ojos de pólvora, puse un explosivo en mis manos y lo dejé florecer, aquí fui solo, doliente y solo, hasta que aprendí de nuevo.

*

Un día bajamos hasta la hierba y la sangre en nuestras venas era una liebre que atravesaba el campo.
Supimos que alguna noche tendríamos que ver el mundo con aquella misma luz.

[1] Czesław Miłosz

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De El cuaderno de las resignaciones

 

¿Sabías  Bosie
que la noche es también como un barco
una tortuga
una estrella fugaz que cae de pronto entre la hierba?

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Alacena

 

Aquí el verano: una alcancía
llena de palabras.

*

Sentarse a la sombra de Dios, como quien come un fruto, como quien rema.

*

Esta cuchara
que cruza
el blancor de la leche
es una
lámpara
en medio
de un campo nevado.

*

Mira el azul, esa flor inexistente.