Poesía española contemporánea: Joan de la Vega – Por José Luis Morante

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Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 1975) es, a tiempo completo, impresor; cada dos meses, editor; y una hora al día, un aficionado más al monte, corredor de maratones de montaña e infatigable paseante solitario a merced de cualquier sendero. Es autor de Intihuatana (2002), Ladino (2006), La montaña efímera (2011), Una luz que viene de fuera (2012), 365 haikus y un jisey (2012), Y tú, Pirene (X Premio César Simón, 2013), En manos del aire (2017) y Medio mundo en luz (2017), publicado en Ediciones de la Isla de Siltolá y a la que corresponden los tres primeros poemas seleccionados. En lengua catalana, ha publicado El verd, el roig, el negre (2014), Bare nostrum (2015), Manat de dol (2016) y El tot solitari (2019).

A modo de poética, dudo de las poéticas. Así como de las modas, géneros, im-posturas, tendencias, voces, ecos y filias que dominan en nuestro tiempo. Creo que cada uno debe ser fiel a sus obsesiones y vivencias, aunque esto implique empaparse de ostracismo e invisibilidad. Cada uno debe romper sus propias barreras, asumir los riesgos del espacio en blanco y explorar los límites de su libertad mediante el lenguaje y el pensamiento crítico. Porque si algo nos ofrece aún la palabra —a estas alturas de la historia escrita y desleída— es la libertad de la significación e imaginación frente a cualquier presuposición, poder, creencia e ideología que ambiciona definirnos y alienarnos. Quizá por eso encuentro en la naturaleza, en sus silencios, toda la inspiración y justificación para no mercadear en nuestros temores y desconocimiento de todo lo que nos rodea. Los poemas, como las montañas, poseen el valor y sentimiento de nuestro paso, de nuestra minúscula huella. Su orografía, todo aquello que hemos vivido. Topografías que marcaron los relieves de nuestra infancia hasta ahora. La escritura como premonición de un tiempo futuro sin el magisterio de nuestros padres, biológicos y poéticos.

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Vivo de lo que ofrecen y crece en mis manos. A veces, hay amor  en ellas si mis ojos vuelcan el paisaje hasta enderezar el mismo paisaje visto del revés. Es mi única destreza: desmenuzar lo que todo el mundo sabe y uno mismo desconoce. Tú, en cambio, negarás con las tuyas mi trabajo. Soy, salvando las distancias, un hombre precario. Tara, merma, serrín.

 

[homo habilis]

 

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Vine para estar cerca de la piedra.
Jordi Doce

Levanta la piedra del camino sin pestañear. Bajo su sombra anida una sombra mayor. Álzala. Sostenla con la maleza de tus labios o bien lánzala para siempre sobre la piel de las aguas dormidas. Tarde o temprano te dirá un nombre. Arrástrala entonces hasta la última cumbre, déjate empapar con su canción. En las noches cerradas enciende uno de sus párpados. Si se deja querer, llámala luz o calor.

 

[homo faber]

 

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Pare, el dolor no calia
Màrius Sampere

Padre nuestro que declinas bajar a los cienos, sea el dolor sin huestes tu materia. Haz de la generosidad luminiscente cada rincón del planeta, así como de los infiernos urbanos verdad perecedera. Que nuestra paz perturbada cada día, nos sea devuelta. Perdona nuestras obsesiones y flaquezas, así como nosotros perdonamos a aquellos que ansían la miel del poder y el botín de las especias. No nos dejes caer en la tentación de reproducirnos para multiplicar el precio del pan: mercadear con rebanadas de mediocridad el salmo de tu carne anémica, ni bebernos a pulso de paraíso tu sangre más cruenta. Y adviértenos siempre, ante los precipicios del adiós, de tu desposeída permanencia.  Amén.

[homo deus]

 

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a josep m. nogueras

a pie juntillas
le hablo a la flor

más que a los otros

*

a teresa garbí

prados escritos
a orillas de las cumbres

piel de los días

*

a vicente gallego

de buena tinta
sé que los grillos migran
el mes del brinco

*

a susana benet

un cielo humano
y un dios celeste
tiritan en el haiku

(inéditos)