Elidio La Torre Lagares | Poesía de Puerto Rico

Elidio La Torre Lagares. Profesor de creación literaria y literatura en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Ha publicado varios poemarios, entre ellos Vicios de construcción (Terranova). Ha recibido reconocimientos del Pen Club de Puerto Rico por la colección de relatos Septiembre (Cultural), así como por las novelas Historia de un dios pequeño (Plaza Mayor) y Gracia (Oveja Negra). Su más reciente novela, Correr tras el viento (Terranova), se encuentra en proceso de traducción al inglés.

En el año 2008, recibió el Premio de Poesía Julia de Burgos por su poemario Ensayo del vuelo; en agosto de 2014, su poema “Santurcesutra” recibió el Primer Premio en el certamen anual de Casa de los Poetas y su más reciente poemario en inglés se titula Wonderful Wasteland and other natural disasters (University Press of Kentucky), el cual fue publicado en septiembre de 2019.

la memoria de la persistencia
el infinito se apesadumbra
como mosca sin mañana
y va a parar a la franja de luz
que raya la ventana en su broma
insolente. queda la memoria
de la sangre convicta al amanecer
cuando se da al ojo por lo fugaz
del instante vestido a prisa de pasado
el infinito es un motón de huesos
sin dueño y al fondo de la oscuridad
donde franqueo soledades
por secretos hay un basurero
donde viven los poemas muertos
mi voz es una araña de tiempo
que versa tela para no dejar
escapar los adioses
el infinito solo existe
cuando nos descubrimos
estrellas deslucidas y perdidas
en la caspa de la noche

los barcos de papel no flotan

la vida es cualquier otra cosa que existe
húmeda en los puertos donde el agua sí florece
— Andrea Cote Botero

yo, el peor de todos, sin infancia célebre
y calcinado como los puertos de Andrea,
soy también la hoguera encallada, o el quiebre
en la ruptura de esa faena que es reinventar
el amor contigo o beberme un río
quemante como las aceras
el tiempo atraviesa el cuerpo proscrito
por la adulación de esas ternuras abastecidas
de reproches que la distancia amarga
hacemos un barco de hojas
que le arrancamos al poemario de O’Hara
y todavía lo vemos deshacerse
quizá esperando que el aliento
nos lleve en salvavidas hacia lo inefable
quedan las caricias sin causa,
como decía la Storni,
o los anhelos que se deshojan
es un otoño averiado por el sol
y el lodo, y yo, el peor de todos,
enhebrando ocasos que te expliquen
la lógica dulce de la memoria
y su avaricia— que lo reclama todo,
lo pulveriza, y lo fuma en nada
igual hace el fuego que presume
las veces del madero bajo la lluvia

para Andrea

de Sun Tzu a Lope un paso es
los que anticipan, se preparan y llegan al campo
de batalla para desmayarse en una fe inocente
como yo en el cieno cuando nada vivo
merece la muerte o atreverse a un plagio
de Nietzsche y estar furioso como el Lope
más áspero— acaso ese tierno misterio
abandonado— liberal y esquivo— alentado
tras la lluvia y tras mis pasos sobre el agua
sucia multiplicada por el siempre mortal
sin-fundamento— seguir difunto igual que vivo
que es decir una intuición desde la falta
de sentido— leal o traidor— se vale todo
en partes iguales— desde el afán atávico
cobarde y animoso de pensar cualidades
sin sujeto y no hallar vegetal que tirite
como amante fuera del bien que se mueva
sin piedad— sin centro y reposo— con la idea
de mostrarse alegre en el cuerpo triste— tregua
de carne humilde sin voluntad de poder
y yo altivo y tú insistente y no haces más
que las veces de tornarme enojado, valiente,
fugitivo— una ilusión que, si bien me deja satisfecho,
ofendido, receloso— lastima la veces del siempre
y es huir del rostro hacia el grito apagado— al claro
desengaño— beber veneno de tu mano que sabe
a licor suave— mas igual da olvidar el provecho
y asfixiarlo como un pez en una mar
que hierve de tanto amar el daño y creer
que un cielo en un infierno cabe— sin otro
pretexto que dar la vida con honestidad
y poner el alma a un desengaño y sentirse
morir al fuego de la arena— en fin,
esto es amor, y quien lo probó seguro lo sabe

time after time
si intentas decirme lo que ya conozco
la confusión no será novedad
porque siempre tu sombra estuvo
en los relojes solares y el tambor
late a contratiempo y no escuchas
lo que digo —ve despacio, digo—
tarareando la canción donde todo
ángel es terrible y el tambor late
a destiempo—lo que no existe no tiene
representación: solo en la geometría
hay verdad en su forma de equilibrio
el desafío es una figura retórica
y la respuesta difícil o imposible
como la redención en mi vida
de Rilke y el fantasmal eco de tu
mirada azul hundida en mis cicatrices
quemadas en mi boca como palabras
innombrables— donde mueren los nombres
de las cosas que quedan sin clausura