Poesía española contemporánea – Efi Cubero | Por José Luis Morante

 

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Efi Cubero. Granja de Torrehermosa (Badajoz) Reconocida como poeta, ensayista y narradora, ha realizado estudios de Historia del Arte, Lengua y Literatura en Barcelona donde residió desde niña hasta hace poco tiempo.

Autora de los libros, entre otros, Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (México, 2008), Ultramar (2009), Condición del extraño (La Isla de Siltolá, 2013), Punto de apoyo (2014) Esencia (Ensayos, La Isla de Siltolá, 2019).

Ha colaborado en varios libros de ensayos, por ejemplo, en los volúmenes de la Colección Arquitectura y Humanidades, dirigidos por María Elena Hernández Álvarez, de la UNAM, México, 2015. Numerosos poemas, ensayos, narraciones y entrevistas a personajes del mundo del arte, la ciencia y la literatura le han sido publicadas en diferentes antologías y en revistas académicas de pensamiento o literarias de España, Europa y América.

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DESPLAZAMIENTOS

 

Se reúnen, en torno al árbol como los hititas.
Quedan para entonar antiguos cantos,
palabras como signos
que descifran el mundo que han perdido.
El vino saborean y la delgada lámina comparten
fundiendo los sonidos, los sabores,
el amasado pan de los matices que abriga las ausencias.
Se afirman los acentos con un fondo distinto al recordado.
Y es nostalgia la prisa,
y es rescoldo la brasa
que enciende la mirada.
Los cerca el gris,
los cerca la costumbre,
el armazón alzado y el acero
o la delicadeza del diseño
apuntando a la altura.
El asfalto los cerca.
En la precariedad de las laderas
no hay nada horizontal,
salvo el reflejo
del mar que se adivina,
y es espejismo inscrito en el suburbio
de los aconteceres cotidianos.
La metáfora fiel de los desiertos
donde se desorientan los deseos.

 

De, Estados sucesivos, (México, 2008)

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HERIDAS

 

Conoce bien el género que trata,
vive inmerso en los giros de la vida y en sus complejidades
frente a la oscura trama de hacer determinadas concesiones
ante los intereses codiciosos.
No se conforma solo con lo bello, desea
que de igual forma la belleza y la fealdad respiren;
el bien y el mal tratados con la misma crudeza.
Con la misma pasión frente a la vida, lucha y toma partido,
deja tal cual el mundo ante los ojos, el horror y el amor,
que cada cual se adentre sacando así sus propias conclusiones.
Ni él es un moralista ni acaso lo desea ni jamás lo pretende.
Fue forjado del polvo y de los lodos que impregnan su andadura,
tan complicada; difícil seductor que ama la vida
y siempre nos sorprende y desconcierta.
Demuestra un gran respeto hacia la luz.
La luz de la creación, de lo creado, sin obviar lo terreno
de esa muerte que acecha y acompaña y a la que reta
en pleno desafío, con la que no torea de salón,
a la que planta cara, reflexiona ante ella, como el amante
teme y la desea, hunde el tiempo en el barro, pone su mano
al fuego del instante; es intenso, brutal y delicado,
con la profunda complejidad viva del perfil doble
de este ser humano que alienta llamas, prende la hojarasca,
respetando las brasas del íntimo rescoldo.

No mitifica nada. Nada contra corriente. Sigue todos los vientos.
Ahonda en la sabia duda de quienes le preceden. Vive. Lucha.
Se entrega con apasionamiento desmedido, haciendo estragos
rompe los esquemas, conscientemente lúcido,
midiendo cada acción de lo que intuye propio
entre sus personales convicciones, en la pasión
hacia este mundo adverso, creado por azar a su medida.
Fuerza y brutalidad, y el amargo sentido de lo que es trascendente
en la luz contrastada que denuncia la oscuridad que acecha
y se abre paso libre entre las sombras del único desvelo.
Es la luz cenital que nos descubre la magia del soporte,
el tacto reposado y la humildad de todo. Sus miserias:
la indiferencia ante el dolor ajeno, la dignidad valiente,
la carga humana de las decisiones, en las vacilaciones.

¿Qué fuerza o qué febril desasosiego le incita a pelear,
a herir y a que lo hieran?
Conoce los exilios, las cárceles del tiempo, lo abyecto, lo sublime
y todo lo más bajo siempre es perpetuado envuelto en la belleza
igual que en la crueldad, en el misterio, la ternura o el sueño
que protege y redime. Una bárbara muerte lo salpica de vida.
La huella que desliza, en la arena del mundo, un ser atormentado.
Irrepetible.

 

De, Condición del extraño (2013)

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EXISTIR

 

Ya no puedo traspasar sus umbrales,
ni mirar esa bóveda que era el techo del mundo.

¿Existí alguna vez?

Mi casa es un espectro que habita en la memoria.
Desde ese centro ambiguo
un pedazo de muro desconchado
recuerda.

 

De, Altano (1995)

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JARA

 

Hay una luz mojada de abandono
en el zumbido dulce que presiente la miel
sobre la flor de jara.
Respiras por las venas de la secreta voz
que te dictó por siempre la tierra y sus verdades.
Tuve tiempo de ver, de saber escuchar otras razones
que al interior desnudan y preceden
con tan sólo observar el vuelo de un insecto.
Una lengua nos llega del fondo de la vida,
un lenguaje que habita los bordes de la noche,
las mentiras del tiempo, la energía del barro,
las trampas del amor, los enigmas del agua.
Yo sé que en estas franjas de aromas que aún aspiras
el tiempo es este vuelo que arrebata la esencia,
la visión reversible de tu mundo y del mundo.
Y, cuando todo pase y tu paso sea olvido,
la flor de jara, entonces, te sobrevivirá.
Pero tu voz ―lo sabes― se alzará consecuente,
sobre las flores, sobre las abejas,
sobre la duda, sobre la incerteza,
sobre la noche, sobre el abandono.

 

De Condición del extraño, (2013).

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CARDO

 

 

El aéreo y terrestre, todo coraza, solo necesita,
lo propicio del suelo, reavivar los fragmentos
de la fuerza que alerta a las espinas
y dejar que observemos como el penacho malva,
de delicada gracia se diluye en lo efímero.
Su existencia es humilde, mucho más que la humana,
pero es también ombligo y platoniana forma
movimiento sin fábula que fija su simpleza
radical sobre el tiempo desde el índice claro
de una verdad sin nombre
a la que no podremos acceder sin herirnos.

 

(Inédito)