Como quien enciende un fuego – Poesía iberoamericana | Valeria Pariso – Por Gabriela Rosas

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Valeria Pariso (Muñiz, Provincia de Buenos Aires, 1970) Coordina talleres y clínicas de poesía y el “Ciclo de poesía en Bella Vista”. Algunos de sus poemas fueron traducidos al portugués y al italiano.

Publicó los libros de poesía: “Cero sobre el nivel del mar” Ediciones AqL (2012), “Paula levanta la persiana”, Ediciones AqL (2013); “Donde termina esta casa”, Ediciones de la Eterna (2015), “Del otro lado de la noche” (2015) Editorial El Mono Armado, “Triza” (2017) Editorial Detodoslosmares, “La trilogía: Uva negra/ Mascarón de proa/ El castillo de Rouen”, Vela al viento Ediciones patagónicas (2018).

En 2019, con su libro “Zarmina”, obtuvo el Primer Premio del Concurso de Letras, categoría poesía, del Fondo Nacional de las Artes.

Sus poemas fueron incluidos en distintas antologías, entre ellas “Antología de poesía iberoamericana actual”, Ed. Ex Libric, España, 2018; “Rapsodia ensamble de voces- Obertura- Editorial El mono armado, 2015; Movimientos/ Primera antología Ciclo Moserrat 2018, “Antología Federal de poesía de la provincia de Buenos Aires”, del Consejo Federal de Inversiones.

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Bien dice Graciela Cros en uno de los párrafos del prólogo escrito por ella para Uva negra, el primer libro que figura en esta selección que “Valeria Pariso alcanza aquella “voluntaria suspensión de la incredulidad” que pedía Coleridge y citaba Borges porque al leer sus poemas algo en nosotros se detiene y cede, se detiene y acepta, se detiene y entrega, y toda nuestra atenta percepción se ilumina y destella; su tono lírico y a la vez coloquial nos atraviesa y conmueve, fulgura en prodigiosos instantes de revelación: “La espera es una letra muda / Lo que precede a un sismo es el silencio” reflexiona y nos instala en las honduras de un pensamiento que siente e interpela.” Valeria nos entrega en esta trilogía, conformada por tres libros: Uva negra, Mascarón de proa y El castillo de Rouen, editadas en 2018 por Ediciones patagónicas Vela al viento, una voz que da en el cuerpo y más adentro. Hace lo que la poesía debe: alcanzar el destello.

Cedo el testigo,

Gabriela Rosas

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Uva Negra

7

¿Cuánto viento es necesario
para acercar
a dos pájaros que tiemblan?

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9

Ella, como la lluvia,
habla en silencio

Alberto Szpunberg

Ana habla poco.
La cansa el asma.
Precedida por un silencio sísmico,
dijo una tarde:
– También puedo decir
que el cuerpo tiembla
cuando se hace la ausencia
que sale un animal
de no sé dónde
y que se queja
que un animal
quejándose de ausencia
habla de una orfandad
que no se explica
igual que el brazo que no alcanza
entre Ramiro y yo.

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10

¿Quién olvida ese día?
29 de Marzo de 1976:
mientras mira las noticias
muere el marido de Antonia.
Un paro cardíaco.
Un hacha en la sangre
cruza el alma que intuye.
Antonia se queda sola
para criar a sus hijas:
Ana
Silvia
Margarita
Juana
María Luisa
María Luisa toma la teta.
Antonia
sale corriendo
y grita de esquina a esquina:
– Borja ha muerto,
Borja ha muerto.

El barrio mira la muerte
con un fusil en la cara.
Así comienza el espanto.
Nadie se mueve.
Borja los ve.

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11

La soledad es de cada uno.
Parece poco.
Pero hay que estar.

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20

el amor es posible

Alejandra Pizarnik

– Cerca de la corteza de los árboles

Itauguá es un lugar posible -dice Ramiro-
las mujeres tejen el ñandutí

y convocan al cielo
cantándole al encaje
de una tela de araña.
Los guacamayos y los tucanes
saben
cómo ahuyentar las nubes.
Oh, Ana, si supieras
qué lindas
son las tardes del lago Ypacaraí.
Yo estuve hace unos años.
Pensemos en la casa,
el lugar de la piedra,
recémosle a las manos
de las niñas que aprenden
a tejer con el tiempo
la araña blanca del ñandutí.
La distancia no existe,
es sólo una uva negra
que cede entre los dedos.
Las ancianas del pueblo
pueden contarte historias
parecidas a esta.
Ya verás.
Tu corazón no es el único cuchillo.

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24

La espera
puede ser un abrigo.

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25

Supe con ellos
que ninguna palabra
abre la tierra.
Ningún sonido
devuelve
los bordes de las aguas.
La espera es una letra muda.
Lo que precede a un sismo
es el silencio.

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Mascarón de Proa

1

Este es el estado de situación:
El último arrecife de coral
fue visto hace 6 días.
Atrás quedaron las costas rocosas,
las aguas brillantes de los arrecifes.
El mascarón de proa fue dañado
en su costado izquierdo.
Una mujer de tilo, a la intemperie,
con sus pechos desnudos,
sostiene al mar.
Nada queda de nosotros.
Fumemos bajo las estrellas.

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6

Hay cosas fáciles de contar.
Por ejemplo:
cuántas manzanas hay sobre la mesa.
Y más:
cuántas rojas, cuántas verdes.
Todo es sencillo mientras el sol
no apunte a lo indecible
y proyecte sombras.
Yo no sé
si la sombra de una manzana cuenta como sombra
o la sombra de una manzana cuenta como manzana.
A esta hora, quién sabe
cuántas manzanas hay.
Cuántas rojas, cuántas verdes,
cuántas manzanas negras sobre la mesa.
Ah. Las manzanas negras.
La cosa se complica cuando hay sombras.
Yo caminé hasta apretar mi corazón.
Alguien dirá que esto no cuenta como muerte.

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7

Mi más querido:
corrí sobre una superficie helada.
Tengo el vestido roto, si me vieras.
Hay marcas de mis manos
sobre todas las puertas.
Ya no recuerdo los nombres ni los números.
Ni cómo te llamabas, ni cómo me decías.
Sobrevivo como algo interminable.
Tengo una paz fundada en la certeza
de que es imposible que me encuentres
y me veas en estas condiciones.
Mi más querido,
mi ofrenda es lo que queda en tu memoria.
Ahora ya no sé volver a casa.

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13

He perdido el control o la sensación de control.
A pesar de todos los pronósticos,
y de los protocolos de los navegantes.
Alguien apagó la lámpara del tiempo.
Qué unidad de medida nos contiene.
Ya no estoy entera.
En algún lugar leí la palabra corazón.
Voy a oscuras buscando mi carta.

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18

Juro que una vez,
mientras mi cabello largo
flotaba en el viento,
mi cuerpo se desprendió
de la proa del barco.
Comprendí el milagro de andar
sin arrastrar conmigo
el peso de los sueños
que me fueron confiados.
Al advertirlo,
el terror de la tripulación
movió la nave.
El peso de la desesperación
es capaz de hundir a una familia.
Nosotros éramos una familia.
Respiré hasta llenar mi corazón
y me quité las algas de las manos.
Ah, quién pudiera conservar ese tesoro.
Yo no era el ángel de la guarda.
Pero volví.

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22

Cantábamos
para dejar de asustarnos,
porque sabíamos
que detrás de nosotros
no venía nada más.

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26

Anoche, soñé que te decía:
– Tu abuela quiere verte. Es necesario
que sigas los puntos luminosos,
hay un volcán a 2 kilómetros del puerto,
te guiará la música.

– Cuando estés llegando -te decía-
se llenarán de arcilla tus zapatos,

y por las estrellas reconocerás la aldea.
Su casa huele a romero
desde todos los puntos cardinales.
Te decía:
– Tu abuela está muy vieja,
no habla con nadie. Sin embargo,
ella danzó sobre la angustia
y rezó alrededor del fuego
frente a un altar de flores y ceniza
para que nosotros
sobreviviésemos a nuestro asombro.

– Ahora -te decía-
es preciso abrazarla porque sufre.

Habrá quienes te dirán
que no escuchés cantar a las sirenas.

Es probable que el capitán
quiera amarrar con sogas tus tobillos
para que en las noches de tempestad
no abandones tu cama.
Yo he soñado un pedido.
Sin conocerla, tu abuela me ha llamado.
Y he pagado con el peso de los necios
la sordera de la gente que amé.

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El castillo de Rouen

2

Es difícil creer que en medio de la nieve
fui recibida con panes, vino, flores,
agua, carne, una manta de abrigo,
frutos en su punto exacto de madurez,
cantos para la noche.
No había casa ni árboles.
Todo era frío.
Todo era abierto y blanco.
Salvo ese altar,
y el asombro.

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4

A veces, una casa
no es el lugar seguro
donde duermen los hijos.
A veces, una casa
es un páramo seco
donde uno quiere estar
a pesar de uno mismo.

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6

¿Quién da un nombre errado a este coraje,
(amor, se llama amor)
y se persigna en nombre de la cruz?

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10

Nadie escuchó mis súplicas.
Ante el amor, fue todo incertidumbre.
Quise escribir con un cuchillo
su nombre
sobre la mesa familiar. No pude.
No soy analfabeta.
No son mías las ovejas de ese campo.
Soy vieja para una primera revelación.
Mal pude haber guiado y llevado al triunfo
a los cinco mil hombres del ejército francés.
¿Qué mirada sostiene el juicio y la hoguera
sobre mi nombre
por haberme atrevido a escuchar
las palabras felices
en la boca de un árbol?

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13

Cuando llegué al terreno de la nieve
en lo que yo creí era región de Údine
el universo me mostró su paraíso.
Recuperé un idioma que creía negado.
Aprendí los rituales ancestrales del fuego
e invoqué los espíritus de los frutos silvestres.
Fui un animal suelto en un cuerpo sin frío.
Lo sé porque fui amada, y amé
sobre todos los ríos y colinas.

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19

No di, sino que dejé todo lo que pude.
Hay una diferencia grande entre dar y dejar.
Yo llegué sin nada.
Entonces,
dejé lo que podía dejar:
cierto orden.
Dejé y fui poniendo
todo en su lugar,
o donde creí que era su lugar:
la magia en el fuego,
el llanto sobre la nieve.

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25

Ha sido devuelto a la playa
el vestido que tiré al mar.
La trama del tul sostiene el agua
y forma cristales perfectos.
¿Has visto, alguna vez,
lo que hace el agua y el sol
sobre un tejido de tul?
Cientos de cuadrados retienen la luz.
El brillo aparece, desaparece,
aparece, desaparece.
Como el aire que existe, que nos falta.
Ningún vestido de novia
ha sido más inútil, más hermoso.

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Valeria Pariso

La trilogía:

Uva negra
Mascarón de proa
El Castillo de Rouen

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Vela al viento
Ediciones patagónicas (2018)

Foto de Pachu Villar