Entre las Esquirlas de un aforista – Por Roberto Abad

Existe una especie de seres humanos que ocupa el tiempo sólo en los libros. La siesta es su hábitat. Escuchan lo mismo a Spinetta que a Charlie Parker. Cada vez que se hacen de un ejemplar en una librería de viejo, cuyo verdadero valor sólo ellos pueden saber, sale de su rostro una sonrisa mordaz. Son expertos en el arte del despojo; la página es su geografía. A ese linaje pertenece Carlos Francisco Gallardo Sánchez (Cuernavaca, 1980).

______Pienso en lo que dijo Piglia sobre cómo uno se hace escritor: “No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción […] y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro)”, y enseguida pienso en Carlos, porque no pudo ser de otra manera que él escribiera Esquirlas (2018), sino hechizado por esa manía, esa forma de existencia —más intensa, más obsesiva con los años— que le da un poco de sentido a los días.

______Resulta un paso casi automático que se podría esperar de un tipo como él, quien en gran medida es conocido por su labor editorial. Porque además de hacer libros, vive para comprarlos. Le interesan los libros sobre libros; los cuentos y poemas sobre libros. Y se la pasa buscándolos. Su destino, pienso, no podía ser otro más que terminar dentro de uno.

______Lo imagino como a aquel personaje Bohumil Hrabal en Una soledad demasiado ruidosa, el viejo que trabaja en una trituradora de papel, que en su oficio solitario —como el de la escritura— rescata los libros que considera buenos. Carlos Gallardo, ese otro triturador, sabe el peso de lo ínfimo, lo profunda que puede llegar a ser una sola frase. Por eso ha escogido el aforismo, para escapar de las condenas que lo atañen: la soledad del autor, del lector, del editor. Ese trío de soledades que están detrás de la experiencia literaria.

______Si bien había participado en varias antologías y proyectos colectivos, en algunos como coordinador (Poemas mexicanos sobre el libro y otros versos de lo impreso), y en otros como editor (Guía alquimista para desaparecer Cuernavaca), es hasta ahora que ve la luz un libro propio con el sello independiente Acálasletras, que nuevamente elige —bajo un impulso de necios— el riesgo de los géneros que están fuera del mercado editorial. No conozco a otro autor morelense que se haya atrevido a tener un debut con un libro de aforismos, ni otra editorial del estado de Morelos que le haya apostado a este campo.

______El aforismo no es para todos. Es un género caprichoso, se te escapa de las manos. Pero si es está vivo, muerde. Carlos Gallardo, que parece estar destinado a la brevedad, entendió esto. Me pregunto cómo se hace un escritor de aforismos. En este caso, creo, es culpa del oficio de editor. ¿En qué medida? No todos los editores escriben. Lo cierto es que no le temen a la purga. Cortan de tajo. Pero qué pasa cuando es su propia escritura. El autor se convirte en verdugo y víctima. Y, de tanto cortar, lo que queda es pura fuerza.

______Una esquirla, ese fragmento metálico, frío y filoso, proveniente de un cuerpo fracturado, en este libro pierde su significante para convertirse en materia moldeable, orgánica. “Una esquirla es un cuerpo breve que se sacude enérgicamente, como el germen de cualquier cosa viva que cobra forma y abandona su estatus de inmediatez”, bien dice en el prólogo Félix Vergara, uno de los escritores más interesantes de Morelos.

______Dividido en cuatro secciones que parecen elementos esenciales del universo del autor, intituladas “Extravío”, “Gente”, “Hábito” y “Patria”, la compilación se vuelve una radiografía interior donde también caben las postales de ciudad, las historias brevísimas y hasta las confesiones bibliófilas, todas ellas aderezadas por los dibujos de Amira Aranda, cuyo trazo capta perfectamente el ánimo de los textos; sus ilustraciones, irreverentes pero a la vez llenas de coherencia, componen un mapa que abraza el libro.

______Esquirlas es el testimonio de un editor que se permite ser rehén de la escritura. Que observa la vida y sus calles repletas de perros y ancianos elegantes. Escrito con la mesura de un prosista, cada palabra está donde debe estar. Por si fuera poco, también es un libro sobre libros. Y sobre lectura. Y sobre Cuernavaca. Hay gente que le interesa leer sobre esto. Existen unos cuantos como Carlos regados en el mundo buscando libros sobre libros. Un día, estoy seguro, van a dar con éste.

Carlos Francisco Gallardo Sánchez. Esquirlas, ilustraciones de Amira Aranda. Cuernavaca: Acalasletras, 2018.

Esquirlas 4

Esquirlas 1

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Esquirlas

(Fragmentos)

 

Un tiempo tuve la soberbia de marcar los libros pensando que de ese modo podría retener para mí algo de lo que había en ellos. Ahora sólo dejo que lo que leo se haga un lugar en el olvido, como todo lo demás.

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La fascinación que causa el libro radica en su promesa de infinito, un mecanismo que consiste en la progresión imparable de caracteres de un ejemplar a otro.

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En toda civilización, incluida una biblioteca, hay una tragedia fundadora. El origen del pueblo de los bibliófilos es un libro que siempre hace falta y cuyo título se renueva con cada persona que lo busca. A ello se debe ese peregrinaje de nerviosismo esperanzado que parece no tener fin.

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Con cada libro intonso que siega, el lector ejercita el dominio de sí mismo.

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Soy autor de una obra que madura en la oscuridad de su inexistencia.

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El camino al ascetismo empieza por bañarse con el agua que cabe en una cubeta. Luego sigue hacer leña con los muebles.

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En aquello que detestamos siempre hay algo de nosotros, ya sea porque la culpa nos acomete o porque sencillamente hay una porción universal, a veces intolerable, que nos hace parte.

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¿Cómo es que los feos soportan su naturaleza? Tal como uno: creyendo que no lo son.

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Él ha intentado ser muchas cosas, excepto un hombre libre.

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Porque el amor es una cosa difícil de llevar, las parejas caminan lento.

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El amor es como el café: uno reincide aunque cause gastritis.

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La soledad es perra y yo tengo su rabia.

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De vez en cuando habría que entregarse plenamente a la derrota que hay en el centro de uno mismo. Ello nos aportaría un conocimiento certero sobre el sentido del mundo.

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Rumiar el dolor en demasía lo transforma a uno en una vaca escuálida y monotemática. Muuuuu.

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Vino, vio y extrajo una conclusión que ya sospechaba: la mejor manera de estar en Cuernavaca es irse.

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Cobré afecto a mi ciudad natal a través de los libros. Luce mejor ahí.

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El parque a oscuras guarda en las copas de sus árboles el silencio. El silencio sobre el cual se recuesta esta ciudad.

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He pagado alquiler en muchas casas y procurado no dejar rastro de mi vida en ellas. A no ser por las manchas de mi sombra en los muros.

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Sitiado por las horas, busco romperlas en un peregrinaje infinito.

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Carlos Francisco Gallardo Sánchez (Cuernavaca, 1980). Editor y redactor. Estudió la Maestría en Diseño y Producción Editorial por la Universidad Autónoma Metropolitana. Es coautor de la Guía alquimista para desaparecer Cuernavaca (2012) y preparó la antología Poemas mexicanos sobre el libro y otros versos de lo impreso (2018). Tiene en su haber un libro de aforismos titulado Esquirlas (2018).

Roberto Abad (Cuernavaca, Morelos, 1988,). Es escritor y músico. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Orquesta primitiva (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015) es su primer libro de cuentos brevísimos. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de narrativa (2018–2019) y actualmente es director de Abismo, Festival de Literatura Fantástica.


Colaboración enviada por Hiram Barrios