Como quien enciende un fuego – Poesía iberoamericana: Alberto Hernández | Por Gabriela Rosas

20191115_000123_0000

Alberto Hernández | Poesía venezolana

_

Alberto Hernández Docente, periodista, poeta y narrador venezolano. Nacido en Calabozo (Guárico) en 1952. Es autor de libros de poesía, cuentos, crónicas y novelas, entre los que destacan, en poesía: “Última instancia”, “Párpado de insolación”, “Bestias de superficie”,  “Intentos y el exilio”, “Puertas de Galina”, “Poética del desatino/ aforismos”, “Slovenia”, “El poema de la ciudad”, “Stravaganza, “70 poemas burgueses”, “Ropaje”, “Objetos poemados/ Poemas sin objeto”. Las novelas “La única hora” y “El nervio poético” (ganadora del Premio XVII Concurso Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2017). Cuentos: “Fragmentos de la misma memoria”, “Cortoletraje”, “Virginidades y otros desafíos”. En crónicas: “Valles de Aragua: la comarca visible” y “Voces de la memoria”.

Ha recibido varios premios nacionales y algunos de sus libros han sido traducidos al italiano, portugués, inglés, árabe y poemas sueltos al alemán.Colabora con medios nacionales y extranjeros. Vive en Maracay/ Venezuela.

_

_

_

Mansedumbre

_

Cuántas veces me extravié en mis ojos

Cuántos los deseos
Por arribar ileso hasta alguna puerta abierta

El clima cada día es más espeso.
Las noches alteran los relojes,
Le ajustan cuentas a los muy religiosos

Cuántas veces he imaginado líneas
Para trazarme un nuevo rostro.

He deseado librarme de tanta mansedumbre
Sólo que para hacerme entrega del correo
Agito el horario
Vuelvo a casa
Pienso en el suicidio
Maldigo al gobierno
Me azoto con un látigo de piel de perro triste.

Miro con muchas ganas
Las ganas de tomarme en serio:

Quien quiera entrar, que toque.

_

_

_

Paisaje

_

Podría ser domingo
Desato mis zapatos y regreso al espejo

Sobre la mesa conversan los objetos
Un vaso contiene toda el agua del mundo

La sed es tan cruel
Resbala un río seco hasta los ojos

Un reo uniformado
Transita la miseria con los labios cosidos

Podría ser domingo

Un día feriado para la eternidad
Una hora imprecisa para la muerte

Podría ser un día cualquiera

Desde esta ventana
Mi rostro se fija en la pared.

No queda tiempo para regresar a la nostalgia

_

_

_

Rabia

_

Sales de la niebla
Para caer en el vacío

El ahogo sangra bajo el farol
De esta boca de lobo
Donde termina un país

Tu piel muerde a la muchedumbre
Se estira bajo el sol
Regresa a las venas abiertas de la ira
Al frío de la soledad.

_

_

_

La pasión

_

Almorzamos desolados.

Pasa un pájaro sobre la mesa

Alguien toca la puerta

Nadie abre.

Almorzamos desolados.

Hechos añico sobre las palabras
Que nos sobran en el plato

Comemos el silencio
Lo masticamos con el gusto
De tragarnos una ofrenda

La pasión nos consume
Rodamos por la pendiente
De la grasa de las ollas.

Dejamos la mesa revuelta.

La digestión
Nos lleva hasta la puerta entornada

Volvemos a nuestra ansiada agonía.

_

70 POEMAS BURGUESES. Bid & co. Editor(2014)

_

_

_

Poema sin Pessoa

_

Está aquí,
en el espejo
mirando la putrefacción del ángel.

_

_

_

Setúbal

_

(este texto urgente tiene un solo
código:

dejar con lamentos el lugar donde
       todos pueden alcanzar sus deseos)

_

_

_

En este tiempo

_

A esta hora del silencio
me queda
una sola cosa por hacer

regresar y encontrar mis edades
                             en estas piedras

en esta ciudad de rocas
vidas y fados en las calles.

_

_

_

Personaje anónimo

_

Gimes
lejos de cualquier mirada
pasas como parte de los ruidos

los trenes
que no existen
bajan presurosos
y te llevan
                   en silencio por una Lisboa
indescifrable sin que puedas decir nada.

_

El sollozo absurdo/O soluço absurdo
Poemas portugueses
Ediciones Estival (2014)
Trad.  Rogério Viana

_

_

_

La pared

_

Detrás de todo friso hay un fantasma.
El de mi casa emitía palabras nocturnas.
Se trataba de una presencia alegre, feliz, ligeramente estable.

Era la pared la que le daba vida.
Cuando la derribaron encontraron
Una dentadura postiza y un mapa de otro mundo.
La casa ya no existe.
Lamento escribir este poema en pasado.

_

_

_

El muro

_

Con la frente ajustada a los salientes, el hombre inicia la oración.
Dios baja un momento y lo recrimina.
Pone la diestra sobre el ceño del hombre
Y se marcha en silencio.
El muro habla en presente y en futuro.
Luego calla.
Polvo y trozos de siglos lleva adheridos a la piel.
Sonríe y no sabe por qué.
Cruza un río seco y al voltear ve otro muro en la orilla opuesta.
Una crecida inmediata le anuncia la llegada del desastre.

_

_

_

La columna

_

Sobre su pellejo antiguo tantas han sido las flagelaciones
Que su estriada apariencia sólo sirve para sostener desmayos
O recordar el instante en que la muerte se libró de un verdugo
O de un héroe.

_

_

_

El techo

_

Se vive bajo un cielo portátil.
El otro, el inalcanzable, es sólo ilusión.
El firmamento de la casa conserva nubes
Tormentas familiares
Alacranes
Madrugadas inertes
Navegaciones bajo las camas
Y ventanas por donde escapan las estrellas.

_

Objetos poemados/Poemas sin objeto. Dirtsa Cartonera (2019)

_

_

_

POEMAS ANDARIEGOS

(Textos extraviados una vez y otra vez)

 

Todo relámpago estima que ha sido utilizado
para descubrir el rostro del asombro. De lo contrario
se comportaría como el fenómeno que se anuncia
antes de pisar la alfombra.

(***)

Un violín atado a la ventana
hace esfuerzos por escapar a la calle.

El genio, el Stradivarius que lleva
en la madera, no le permite
ciertas extravagancias.

Con razón el estudiante llora
cada vez que advierte su silencio.

(***)

Sin ánimo
de lanzarse al abismo
el poeta (el que contempla el vacío
con media sonrisa)
inicia el ejercicio de su depuración.

(**)

Le ha sido dado a la multitud
el don de la quimera. Por eso
-al abandonar el lugar del abuso-
ahonda el grito
el fracaso del vértigo.

(***)

La profundidad del beso
lo condenó a un silencio mudable

y sin medir las consecuencias
de la única palabra
que pudo pensar
se desató del abrazo
intentó un monosílabo asiático
y huyó.

(***)

Una breve conversación con mi zapato izquierdo deriva en tristeza.
Habría que aguzar el oído para atender la queja del derecho
Quien con la boca abierta
Exige ser oído.
Lo escucho, lo atiendo, lo acaricio mientras sus llagas
Sorprenden mis ojos acostumbrados a la sombra.
Gastados, humillados ambos por mis pies
Agradecen haber sido tenidos compañeros
Ser parte de mis viajes, tropiezos, suciedades
Mierda de perros y sinsontes
Carreras, huidas, escondidas
Miedos a la sorpresa del ladrón o el policía.
Calles, callejones, avenidas, atajos
Noche y días
No permiten disculpa alguna de mi parte
Porque ellos sometieron su suela al desprestigio
Aunque resuelvo olvidar y atenerme al hecho
De que también fuimos parte de innúmeras patadas.

Mi par sigue allí, arrinconado.
No me atrevo lanzarlo al basurero.
Es tan noble como la sombra que los cubre:
Ocultan sus trenzas, sus ojos aquietados
Por la cercana muerte.

_

Poemas andariegos (inédito)


Foto por Alberto H. Cobo