Whigman Montoya Deler | Poesía de Cuba

Whigman Montoya Deler. Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente, Cuba, 2000. Master en Estudios Cubanos y del Caribe, Universidad de Oriente, 2006.

Ha sido profesor de Español como lengua Extranjera por más de 14 años en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, la Universidad de La Habana y Tianjin Foreign Studies University, Tianjin, China, donde además impartió Literatura Española y Latinoamericana. Además, fue profesor de Historia de la Cultura de Iberoamérica y el Caribe en la Facultad de Español como Lengua Extranjera de la Universidad de La Habana (FENHI).

Obtuvo una mención en la 16° edición del concurso de Poesía Luisa Pérez de Zambrana en el año 2001.

Ha publicado el libro titulado El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana (Uno&Otros Ediciones, 2017) y el poemario El oscuro bosque de mis manos (Ediciones Laponia, 2019).

Actualmente, se dedica a la investigación en la enseñanza del Español como Lengua Extranjera y al tema de la mujer en la Cuba Republicana. Miembro directivo de Ediciones Laponia, LLC Houston, Texas.

Terremoto

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Un temblor puede agrietarnos para toda la vida
o anudarnos entre quebradas paredes.
No hay nada más tierno que cascar un huevo en la mañana
Ni más triste que zurcir una media ya deshecha.

Un temblor va trepando los muros a retazos
y a pedradas derriba mi dureza.
Una lluvia de escombros desnuda nuestra viga.
Cuerpo de polvo tendido en el asfalto.

Achillea millefolium

 

Que ni mil espadas
ni miles de cañones
ni barcos y aviones
todos de guerra.
Que ni una Troya
ni un Aquiles
ni miles de caballos
y soldados
ni el amante que reabre la herida
ya sanada
puedan con tu poder de detener la sangre.
Que sean entonces milenramas
miles de flores del soldado
o un simple beso sanador en tus labios
como los besos de Walt Whitman.
Aquilea
hierba de los cortados.

Reclusorio (el lugar santísimo)

 

Que se deshojen los árboles en
derredor
mío
que no haya sombra
ni mi sombra
que talen sus troncos
que se apague el sol
o que se nuble
que la noche sea tan negra que no vea mi mano
o en el peor de los casos que se nublen mis ojos.
Que no canten los pájaros, ni llueva, ni truene
ni tiemble la tierra.
Que me quede mudo y sordo
y se cierre la puerta
que todo lo lleno se vacíe o levite
que se remiende el velo de mi templo
que vengas a mi encuentro como el versículo más corto y no me dejes.
Que sólo pese, se sienta y lo ocupe
la soledad.

Esquejes

 

Si acaso pudiera ser como un arbusto
preferiría la Acacia del Negev
de mi inhóspito sur erosionado.
Si acaso tuviera tan sólo pocas ramas
cortaría primero los brotes
algo así como una uña
siempre por debajo de un nudo
quizás una falange.
Qué importa perder tan sólo una parte de un dedo
si me naciera un hijo.
Si no se diera, cortaría las ramas tiernas
tal vez mi labio inferior que tanto adoras
o mi lóbulo de buda
qué importa que se vaya la suerte
con tal que me naciera un hijo.
Si tampoco se diera
cortaría los tallos más gruesos y fuertes
seguro que serían mis manos
qué importa que no escriba unos versos
tan solo si tuviera un hijo.
Aún si no se diera, cortaría las estacas
tan seguro como que todavía estoy de pie
qué importa que mañana no pueda
si de un brote, una rama, un tallo o una estaca
me naciera un hijo.