Kelly Martínez-Grandal | Poesía de Cuba

Kelly Martínez-Grandal (La Habana, 1980). Es Licenciada en Artes y Magister en Literatura Comparada, ambos títulos otorgados por la Universidad Central de Venezuela, país donde vivió por veinte años.

Sus obras han sido incluidas en varias antologías: 102 poetas en Jamming (OT Editores, Caracas, 2014), 100 mujeres contra la violencia doméstica (Fundavag Ediciones, Caracas, 2015) y Aquí [Ellas] en Miami (Katakana Ediciones, 2018). En el 2017, publicó su primer poemario, Medulla Oblongata (CAAW Ediciones, Miami). Zugunruhe, su segundo libro, saldrá publicado bilingüe por The Operating System.

Actualmente, vive y trabaja en Miami, Florida.

Piedras de sal

A Wendy L.

Guarda la aguja, los hilos,
no aprendimos el arte del zurcido invisible;
un manto de cicatrices levanta sobre la arena.

Habrá que zarpar de nuevo, con otras velas para este barco, sin
islas que recuerden a Ítaca,
aguas
con ballenas menos blancas.
Habrá que construir un mar.

Levanta el ancla, arde la casa, rema conmigo.
No pasemos con tristeza esta llanura,  no crucemos la mirada sobre el hombro.

Genealogía

 

I

Muchachas que huyeron,
familia en la capital,
muertos en suelo
extranjero. Uno hereda
sedimentos, huesos como
plumas coronando la
cabeza.

II

Bajo tierra, junto al
mar, duermen mis
muertos. No hay
distancia.
Caminan detrás de mí,
como perros o
huérfanos al final de la
guerra.

III

La vieja casa no está, algo terrible
ha pasado. Sobre sus ruinas
hicimos.
Un ladrillo se guarda,
una mampara como una
tarja nos previene de la
piedra.
No choquemos varias veces contra
ella.

 

De Zugunruhe. The  Operating System. 2020.

Indian River

 

De Okeechobee a St. Lucy, el río
ve despegar cohetes; se elevan
hacia estrellas que conoce desde niño.
Breve fuego se refleja en sus aguas.

Un cielo nacarado, la valva de molusco,
advierte que no han vuelto los pájaros;
que el invierno no termina de irse.
En los  manglares no ha llovido lo suficiente
y el sur está solo, silencioso.

Hoy el Indian River no tiene rastros
de despegue. Dormido,
lo oigo murmurar desde su orilla.
No abarca, mi mirada, su llanura de plomo.

Paria

 

Estás
en lo que te aparta.

Cielo, mar y roca fundaron tu infancia;
a ese triple filo ya no perteneces.
Lo que una vez fue tu amparo
humea sobre la colina.
No hay vuelta atrás,
gacela dibujada para nadie.

Estás en lo que te aparta.
En su oscura soledad está tu joya.

De Entre los pinos de Komarovo. Inédito