Antonio Macías | Cada noche

Antonio Macías (Guadalajara, Jalisco, México, 1993) Poeta, narrador y ferviente promotor de la lectura. Apasionado y comprometido gestor cultural. Cofundador de los ciclos “Apaga la tv y abre un libro” en SITEUR. En 2011, colaboró en el proyecto documental “Una sola memoria: México 68” como guionista y comentarista, y en “Vía literaria 2015” (Por favor, lea poesía). Hasta el 2016, contribuyó con la sección “Libros, vino y otras lujurias con Antonio Macías” en el programa de radio El Bote Pateado. Desde noviembre de ese mismo año es fundador y editor en jefe de Malasangre Editorial, una plataforma digital donde se publican textos de autores mayormente jóvenes de todo el país. Fue autor de la columna semanal Almanaque literario publicada en “Pulso Regional”. Ha participado en numerosas presentaciones de libros, foros y conferencias relacionados con cultura, arte y literatura, además de diversos recitales de poesía.

Su primer libro publicado llevó el nombre de Ciudad Sentimientos, es autor del libro El Sur: La tierra de mis fuegos jaliscienses y de Maitines, siendo en este último título donde trata de desenvolver el misterio nocturno que embelese el oficio creativo del joven poeta a través de la espera del amanecer y el amor. Su obra ha sido publicada en diversas antologías como: Malasangre (2016), Mil Mujeres (2017),  Ruderales (Alter Sí, 2018) y Como si fuera tolteca (2019). Las obras literarias de Antonio Macías han sido traducidas al francés, inglés, portugués y náhuatl. Muchos de sus textos fueron publicados en los diarios La Jornada (Nacional), El Informador y Mural.

Actualmente, es colaborador de la “Brigada para Leer en Libertad A.C.”, y productor y conductor del programa de radio “La Resistencia” en Radio Malasangre Arte y Cultura.

Cabe mencionar que está próximo a ser publicado, a finales de este año, su nuevo libro donde experimenta con diferentes tipos de versificación, desde lo clásico hasta lo moderno; contraponiendo diversos puntos de vista sobre temas del día a día en cuestiones sociales, políticas, religiosas y filosóficas en la apropiación de la razón o la verdad en claroscuros necesarios de su relación en la vida cotidiana.

 Ante todo, Antonio Macías no deja pasar un solo día sin hacer lo que más ama: Escribir.

Cada noche

Cada noche antes de todo, paralizo las luces de mi pecho. Me siento, junto las palmas de mis manos, cierro los ojos y busco en el roce del suspiro un imposible silencio.
Llega pronto el olor de la pólvora, la inmensidad de la oscuridad, la sensación de vendas negras en los ojos, y el legítimo temblor antes de apretar la mandíbula tan fuerte que enumera el dolor de treinta y dos dientes. Escalofríos. Múltiples disparos. Y ya no aguanto.
Entonces, ahora sí; abro los cuadernos, donde guardo los garabatos, las anotaciones que no sirven de nada y las que tengo la esperanza algún día sirvan de algo, libretas de páginas tachadas y experimentos silábicos. Paso con cierto auto reclamo las páginas de los textos que he dejado incompletos y me preparo para el impacto del muro blanco.

Enciendo un cigarro, audífonos y a pesar del canto en mis oídos me sigue persiguiendo el eco de los disparos.
Cada quién sus rituales, cada quién sus fantasmas. Pero un día, no sé cuándo comencé a hacerlo. Supongo que fue el día que sentí el reclamo y la responsabilidad del oficio.
Escribo debajo de un techo, mientras Paola duerme, alejados de la persecución y el miedo, sin hambre sin sed ni frío.

No soy capaz de escribir sin antes pensar en ellos, sin antes hacer mío el último suspiro que vivió en su pecho, son ellos los que recibieron los disparos que para mí solamente son ecos, son ellos los que me enseñaron que escribir no es un juego.

(Fragmento inédito. Texto completo: https://www.facebook.com/690336914322299/posts/2501892869833352?sfns=mo)

 

 

 

Laudes

Hasta que se me acaben las manos
las ganas
que me ardan rojas las uñas palpitantes sin fin.
Hasta que se quiebren las copas y me corten
me sangren.
Hasta que al alzar la vista
se queden vacíos los cielos de ti.
Hasta que mi cuerpo frío de ausencia
deje de acariciar tu recuerdo de hielo.
Hasta que vivan los litros de tinta
que sin piedad alguna le voy a untar a tu recuerdo.

Canon

Para lograr escribir hasta que te duelan las manos
primero es necesario que comiencen a dolerte las ojeras,
las bolsas negras que aparecen debajo de tus ojos para anidar
palabras insatisfechas,
es necesario que te duelan las decepciones al releer lo que escribes,
que no te guste, que inclusive lo odies,
que rompas las horas de tu trabajo, que borres de tajo y sin piedad
los días y semanas enteras de tu esfuerzo, que la garganta te arda
a causa de los gritos en las pausas donde no encuentras la palabra
siguiente.
Es necesario que te duelan, las sienes, los recuerdos, las miradas
de desprecio.
Es necesario que te duela la gente.
Que te duelan las críticas.
Que te duela la suciedad de las calles.
Que te duelas de duelos. De hambre, de vergüenza.
Probar los distintos sabores de tus lágrimas.
Es necesario sentir tu estómago desgañitarse, gritar fuertemente
para desbocarse en la bilis de tu tinta.
Pero eso sí, escribe siempre con pasión y valentía.
Con odio si quieres,
pero que las teclas y los papeles corran el riesgo de romperse, al
igual que tus sueños, porque la única manera de llegar a ellos, es
por donde son más propensos a quebrarse.
Aniquílate, transpira lágrimas ardientes.
Desbórdate, acábate, desvélate pero escribe.
Así, y solo así, podrás perder el miedo a la muerte. Porque para ti
no existe.

(Fragmento de Maitines)