Alexei Tellerias: En crudo

Alexei Tellerias (Santo Domingo, 1981) Escritor, periodista, gestor cultural, artista multidisciplinario… “La suma de muchas cosas”, como prefiere definirse. Textos suyos han sido incluidos en antologías y revistas literarias en Estados Unidos, México, Puerto Rico, Ecuador, Perú, Haití, Venezuela, España y República Dominicana, siendo el más reciente “Conjugar el verbo arena: poesía dominicana actual” (Editorial Polibea, España, 2019).

______Publicaciones: “Cuaderno de Catarsis” (Poesía, Editora Nacional, República Dominicana, 2011) “(Sobre)Vivir”, incluido dentro del libro “Esto no es una antología, palabras que sangran” (Poesía, Ediciones Ferilibro, República Dominicana, 2012), “Los peces del subsuelo” (Cuento, Luna Insomne Editores, República Dominicana) compilado con el que ganó el premio de cuento Alianza Cibaeña (Santiago, República Dominicana, 2009) y “Desayuno de tachuelas y otras masacres literarias” (Poesía, Amargord Ediciones, España, 2018).

______Es Coordinador General y fundador de El Arañazo Plataforma Cultural desde su formación en 2011, inicialmente como colectivo literario y a través de donde ejerce la gestión cultural. Su experimentación poética, definida como “búsqueda de la palabra más allá de sí misma” lo llevó a la disciplina del performance desde 2008, participando en festivales internacionales y acciones particulares en República Dominicana, Puerto Rico, Costa Rica y Estados Unidos. Escribe desde 2005 el blog “Catarsis Diaria” y manda a decir, como siempre, que cualquier información adicional la pueden encontrar escribiendo su nombre en Google.

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En crudo

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Voy dejando que la distorsión arruine el poco de sordera que aún pervive entre mis oídos y que mis dedos canalicen todo el amasijo de emociones que se van acumulando con la secuencia de los segundos de un día bizarro. He tenido sueños particularmente raros y respetables. He volado y vuelto a caer entre tierra y ansiedades. Hurgando con las uñas comidas hasta el tuétano y reflexionado sobre las posibilidades de elevar vuelo, maleficando las esferas que se me escaparon de entre los dedos… ¡Sí, los dedos!, alojando esa carencia de uñas que empiezo a extrañar con dolor de parto, al contacto cercano de la piel con la atmósfera. Y mientras todo esto pasa, la misma vibración que me destroza con alegría el cráneo, se pregunta si alguna vez llegaré a volar a la velocidad que mi subconsciente ansía, la misma que me brinda una guitarra desafinada en re menor y que destroza como sierra eléctrica a Britney Spears. No, que no hay nada como una guitarra que llora en clave de death metal.

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(De “Cuaderno de Catarsis”, 2011)

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Nineteen sixty five

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“Fuego, fuego,
el mundo está en llamas
fuego, fuego
los yankis quieren fuego”
Roy Brown

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Son las tres de la tarde in old Santo Domingo,
y están tirando desde los Molinos.
Las ruinas de la antigua aduana exhalan el infierno criollo.
El sol se maravilla de sí mismo en el cristal del río
y un rifle se esconde entre los silos al lado de la capilla colonial,
apuntándole a cualquier cosa que se mueva del otro lado.
Al este del Ozama se divisa todo.
Las casas, los techos, los edificios, las trincheras
el reloj de sol, las calles, las murallas, la antigua atarazana,
el alcázar y sus piedras impactadas por las balas,
la fortaleza sin cascos blancos
que den macana al pueblo en las manifestaciones,
el puente donde hace apenas unos días Wessin pidió cacao
para luego ir a esconderse bajo la falda de mister Johnson
“Papi, me dieron, ve y dale con la correa”.
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(fuego, fuego,
los yankis quieren fuego)

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Son las tres de la tarde in old Santo Domingo,
el mar de espejitos en las azoteas reflejan un calor insoportable
la rebel zone parece rendida ante la mira del cañón
listo para vomitar surcos de plomo sobre el próximo blanco.
Trujillo murió hace poco
But we dont want another Fidel near Miami.
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(fuego, fuego,
los yankis quieren fuego)

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Son las tres de la tarde in old Santo Domingo,
Una sombra camouflage descansa en lo alto de Molinos Dominicanos.
Poco importa que se llame Douglas Lucas
o que haya nacido en Indiana, Nashville o Wisconsin.
Son incontables las tumbas en su espalda
su mira telescópica está hambrienta de comunistas.
Otros cielos le han visto accionar su AR-15,
las montañas de Tel Aviv, los fangos de Korea,
las torres de Guantánamo, los techos de Langley.
El reloj no avanza.
En estos días no se fabrica harina
sino muerte,
y las panaderías son almacenes de hambre
para el army de Caamaño.

(fuego, fuego,
los yankis quieren fuego)

Son las tres de la tarde in old Santo Domingo,
no se mueve un alma alrededor.
Quienes lo intentaron
pagaron con sangre la osadía
de desafiar al semidiós en las alturas.
Phil Ochs ladra the starred spangled banner por radio San Isidro,
más tarde lo hará en vivo en el hotel Embajador.
La cocaína no le dejará saber si esto es Puerto Rico or Vietnam
Whatever the hell, it’s so fucking hot in here or there.
Las botas aprietan,
también el calor
But fuck off, marine es marine,
no lo detiene un microinfierno en una jungla tercermundista,
Aunque ya el VietCong hallará la forma
cuando su lealtad en el servicio lo lleve hasta Vietnam
para enfermarlo allí de un balazo.

(fuego, fuego,
los yankis quieren fuego)

Son las tres de la tarde in old Santo Domingo,
mejor agáchate al pasar.
______________________________________¡fuego, fuego,
_________________________________los yankis quieren fuego!

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(De “Desayuno de tachuelas y otras masacres literarias”, 2018)

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De lo tácito

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“Todavía hay tanto por decir”
Gustavo Cerati

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Aprendí a mirar sin mirar
Las añoranzas que descienden de tu cuello
para beberlas de besos y gemidos.
Aprendí,
ahora que mis ojos te contemplan libres,
a desvestirte lentamente mientras bailamos
y fingir que te robo un beso al pie de tu escalera.
Nadie puede vernos,
nadie,
ni los testigos de esta soledad.
Aprendí lo bien que sienta portarse mal,
derribando tu purgatorio a fuerza de ojos cerrados.
La madrugada no se encuentra.
Tampoco el brillo de tu mirar.
Hoy descubrí el halo de otros labios
excusándose tras fantasías.
Sube el ascensor,
las excusas para el encuentro se hacen ajenas.
Tu teléfono no conoce el tamaño de mis ansias.
Cualquier oportunidad es propicia,
descender del séptimo cielo hacia el tercer purgatorio,
para justificar las ganas de saludar tus labios
cerrando los ojos hasta rendir segundos.
El ascensor es cómplice,
sabrá esperar hasta que nuestras miradas pierdan la vergüenza
y se escondan tras el redescubrimiento de nuestras salivas,
que no hay un beso más intenso
que aquel que nace con fecha de vencimiento.
Sabemos que su senda morirá
con la próxima llamada telefónica.
Qué importa.
Aquí estamos,
escondidos frente a todo el mundo,
excusándonos en el alcohol,
probándonos,
susurrando alguna promesa carnal al oído
mientras un merengue
retumba azoteas desconocidas.

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(De “(Sobre)Vivir”, 2012)

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Nubosidad variable

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Las Antillas se pretenden archipiélago de espaldas. Centrífuga desambiguación coralina. Uno se las imagina fragmentos de materia de Dios limpiándose las manos en el Atlántico después de haber dibujado América. Hormigas de mar. Suma de soledades. Condenados al islicidio en barricas salitradas. Cierro los ojos porque me da con utopizar islas como probabilidad de un aguacero rajao con sol brillante. La brisa te anuncia lo que te llegará. (a)brazos de ron rodean el azar de haber nacido entre trópicos, más allá de patriotismos trasnochados y felicitaciones por ser caribeño en plazas coloniales. Abro los ojos. Un océano níveo se disputa la brillantez del día con la cúpula añil. Soy apenas un píxel en el coro planetario. Me declaro isleño con el mar en reverso.

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(De “Pixel sonoro”, inédito)

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Una isla es la posibilidad de un abrazo.

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Una isla es la posibilidad de un abrazo.
Media isla, la circunstancia de agua por todas partes.
Los huracanes nos consumen lentamente.

Allende los paralelos se decidió nuestra suerte.
Archipiélago de fuego, granizo en el centro del Caribe.

Media isla, (dos tercios, más bien).
Besos de sal
y yuca.

Asidos de isleñoranzas,
nos sospechamos abandonados
a suertes imprecisas.

Las dagas de Colón perforan la noche
cuando la electricidad se antoja.

Caminamos orgullosos en la pretensión de Alicia.
No hay gatos de Chesire que nos alumbren la oscuridad.

Guarapo de sangre es nuestra historia,
tantas veces canibalizada desde el origen.

Verano e infierno nos dibujan la piel de sudor.

¿Qué nos queda?
Acaso bailar al compás de maretazos ficticios,
porque el plástico tomó
el lugar del agua
frente al Ozama.

¿Nos atreveremos a profanar decálogos?

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(De “Pixel sonoro”, inédito)