Aleisa Ribalta: Poesía de Cuba

Aleisa Ribalta. (La Habana, 1971). Nacida en Cuba. Reside en Suecia desde 1998. Es poeta y coordinadora cultural. Ingeniera de profesión, se desempeña como docente de asignaturas demasiado técnicas y no directamente relacionadas a la literatura como: Diseño de Interfaces Gráficas, Diseño Web y Programación de Aplicaciones. Ha publicado Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018), su primer poemario, que apareció traducido al catalán recientemente en la edición bilingüe Talús / Talud (bokeh, 2018) y Tablero (Verbo (des)Nudo, 2019). Tiene en preparación los poemarios Cuaderna, bao y regala y Poemas Intersexuales.

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A garabatos

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A José Kozer, por supuesto.

Rosetta soñé,
piedra de los
jeroglíficos.
Dígase primer
intento ¿pentecostal?
¡Qué va! ¡egipcio!
Vaya suerte
la nuestra de
babel-izarlo todo.
Y en la torre,
aquel barullo,
cada uno
por su lado la
lengua que
buenamente
bal-bucear
pudo.
En todos los muros,
mezcolanza.
Arroz con mango divino
humano necesario.

Garabatos
santo y seña
del Sonido.
Runa o ideograma.
Morse de los que no callaron.
Del kanji a la tabula rasa.
Y otra vez, al revés.
Dígalo, sí, sin miedo:
¡la palabra! Mastique,
saboree, rumie y devuelva:
teje-maneje de los signos.

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Campo de Marte

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Molote de habaneros
en componenda y mal
ataviados en verano.
Toldos transmutados
en sensacional artefacto.
Portugués y elegante,
mas bien improvisado.
¡Bigotes! ¿Tirantes? ¡Saco!
Pajarita… casi un ingeniero…
¡Ah! Ir por arte de birlibirloque
de inventor a personaje.
Ese Pérez, el toldero
navegante del gran heliotransporte
dispuesto a tales hazañas
en la urbe más propensa.
¡Sea la debacle! Grandilocuente es allí
todo como nosotros mismos.

Globo que elevárase
repentino delante de los
atónitos y desventurados
ojos del distinguido
para perderse en un punto
cada vez más lejano
hasta dejarnos solo
la certeza de que aquí
todo lo que no vuelve
(el amor, por ejemplo…)
es porque ha volado
¡como Matías, sí!
Pero, ¿a dónde?

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Lamiácea Labiácea

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¡De todo! Caletas (altos) cocoteros
palmas (enanas) arecas.
¡Mucho mangle más que nada!
Y por doquier algún que otro yerbajo
duro y difícil de nombrar.
¡Bah!, nunca lo sabremos todo.
¡El reino! ¡Vegetal y tan diverso!
De su jardín, salvia costera,
trajo remedio para amígdalas
y otras entendederas inflamadas
el jardinero Carbón Bombón.
Un Linné a la criolla.
Hum ¡Con esa planta!
Y yo, pensando: de botánica sabrá el dandi
lo que aquel hijo del presbítero
que sabía de todo (o casi todo).

La versión cubensis
de Carl von (¿von?) L.,
prescribió masticar durante
tres días el amargo yerbamen.
Ipso facto y a pelo, por curarme,
hice caso, molí todo en trapiche,
succioné, tragué. Y a la tríada de
veinticuatro, canté las maravillas
del mar y todos sus misterios,
con una voz recién estrenada
gracias a la costera variedad de
Spermatophyta fanerógama.
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Dendroluminia

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farola
sueña
con árbol
complejo
Hegel ve
romance
ella da luz
(pura luz ciega)
él sombra fina
(sed de cobijo)
ilumina
encendida rama
desnuda precisa
lumbre
tenue
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