José Emilio Fernández Cepero: Poesía Cubana

José Emilio Fernández Cepero, Santo Domingo, Villa Clara Cuba,1974. Poeta. En 1997 llega a los Estados Unidos. Estudia en el Miami Dade College Kendall Campus y posteriormente se gradúa de la Universidad logrando una carrera profesional en el mundo de la Administración de Empresas; y escribe.  Ha colaborado con diversas revistas literarias. Su poesía ha sido   recogida en las antologías “La Ciudad de la Unidad Posible” Editorial Ultramar, 2009 y “Convergencias” Editorial Verbo(des)nudo, 2017. Tiene publicados los poemarios “En la hora de los peces”, 2015 y “Los puentes de mi raza”, 2017 ambos por la Editorial Verbo (des)nudo bajo el sello Colección Alas. Actualmente cursa estudios en Nova Southeastern University para alcanzar su Maestría en Educación y Español.

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Poemas

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Los girasoles han tatuado mis huesos;
presiento que un temblor de arenas
se aproxima
a
la
ternura,
mi pelo es el agua…

¿Cómo decir que los insectos esconden apariciones,
que en la planta de mis pies
un
hombre
grita
y no soy quién procrea?

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Tendrás que maquillar la dualidad en mis pestañas,
tatuarme la soledad a un costado
y peinar todos los días que invento.

Tendrás que vestirte de colores y del viento;
esculpir mis alas y exhalar la nostalgia en mis huesos.

Tendrás que amanecer en todos los aguaceros
en mi silencio que grita
y te exilia.

Tendrás que sentarte sobre mis intentos
y vivir más acá de mi usanza.

Tendrás que deshojar sobre mi verso
porque soy quien silba cuando vuelas
quien hace de tus alas un girasol
y te bendice en cada espasmo.

¿Cómo decirte que en mi torso nace el fantasma
y te besa
y te cimienta el poema?
Pero el poema es el tiempo
______________y el tiempo
__________________es otro hombre
___________________________y mis alas
para volar sin premeditarlo.

Tendrás que maquillar la dualidad en mis pestañas,
el camino inevitable,
tu rostro;
porque aún entre ventanas te desnudo,
erróneo,
más allá mi sexo.

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Las razones envejecen
más allá de las suelas de tus zapatos.
Dentro de ellas la antigüedad
y la nada,
también tu rostro afanado a la semejanza.
Las razones te consagran en alas de mariposas;
sienten miedo de la báscula en tu abdomen.
Alcanzar a mutar sobre los pliegues del milenio,
no será el conjuro,
y sin embargo,
ofrecer el hálito que sobrevive en tu sexo
es la metafísica.
Los suspiros afloran y se agotan
por debajo de mi rostro
inconcluso.
Implorar
no es cohabitar en la monotonía,
tampoco el encanto de mal peinarse
cuando besas el espejo.
Existo –inerme- en todos los orgasmos,
invisible
entre todos mis barnices

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Por las hendijas el silencio asoma
un eco se tuerce en la penumbra
a veces escondo estos deseos de callar
pero en mi piel hay tantos rincones
que hacen de mi voz una realidad
y mi realidad
es el reverso de los insultos
me satisface el ocaso
la lluvia
y mi raza.
No pienso en el anuncio del siglo
ni en sus promesas
confío en las profecías de mis huesos
algo me intimida
los milagros pasan
dejan surcos
por donde camino
retorno al origen de la sombra.
Los instintos me consuelan
nadie logra confundirme
y creo.
Mi inquietud es la respuesta de mis versos
el polvo que me acredita se pierde con las dudas
estoy sin ropas
mi piel es una advertencia.

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Caducas
la magia frente al espejo,
tu cicatriz.
Una serpiente hereda el espacio
y sobre tu sexo devienen las aguas.
La ventana es el fragmento,
intentas
una
cadencia
y todos los suicidios se agotan;
no existe báscula para tu complicidad,
no eres héroe
y los peces te crucifican.
Anclas el desconocimiento en tus ingles,
jadeas
la desnudez,
Isabel
es amenaza en tus mejillas:
el resurgir.

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Un hombre estrangula el ansia de su muerte,
sale en busca de los puentes.
Su desnudez deja rastros,
renuncia a la utopía del polvo
y calla;
lleva en los huesos la pulcritud de sus ancestros
y un poco de timidez para los descreídos
bordea su soledad.
Escribe jeroglíficos con la lluvia
y calla.
Un hombre descubre el puente,
sus ojos se abren
de espaldas al tiempo.