Osmany Echevarria Velázquez: Mudanza

Osmany Echevarria Velázquez (Cuba, Pinar del Río, 1979). Poeta. Licenciado en Lengua Inglesa en el Instituto Superior Pedagógico “Rafael María de Mendive”. Ha sido profesor universitario con categoría asistente, periodista y traductor. Actualmente, labora como corrector y editor en la Editorial “Hermanos Loynaz”. Textos suyos aparecen publicados por varias revistas cubanas: Cauce #1 (2001) y Dossier X Aniversario #3 (2005), Revista La Gaveta (A. H. S) #14  (2006).  XX Aniversario de la A.H.S y Dossier de poesía de la revista El Mar y la Montaña por el 25 aniversario de la AHS, Guantánamo, (2011); así como en varias antologías nacionales y extranjeras, entre las que resaltan: La Isla en versos (Ediciones La Luz, Holguín, 2011). El Manto de mi virtud. Poesía cubana y uruguaya del siglo XXI (Editorial Letras Cubanas) y la Universidad del Trabajo del Uruguay (Montevideo, 2011). Poderosos Pianos Amarillos (Ediciones La Luz 2013). Las ondulaciones permanentes: última poesía cubana (Ediciones La Luz, 2013) y la Antología El Árbol en la Cumbre, nuevos poetas cubanos en la puerta del Milenio (Editorial Letras Cubanas, 2015), entre otras.

Tiene publicados, además, los libros Confesiones del Péndulo (Editorial Hermanos Loynaz, Pinar del Río, 2003), Naufragios del Pez Lunar (Editorial Hermanos Loynaz, Pinar del Río, 2011) y Turismo Nacional (Ed. Áncoras, 2017), así como la Antología de narrativa cubana y uruguaya, Distancias del agua (Editorial de la Universidad del Trabajo de Uruguay, 2012). Ha obtenido varios premios en encuentros de debates de talleres literarios municipales y provinciales. Así mismo, ha sido mención del Premio Alcorta en el 2005 y 2007 y ganador del Premio “Beca de Creación Sigifredo Álvarez Conesa”, auspiciado por el Consejo Nacional de Casas de Cultura (2009).

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Mudanza

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Mis padres han muerto y cuelgo su bandera en el cuarto;
ciertos símbolos los mantienen atados
a estos resquicios que la vida dispone.
El viento lacera las llagas del país sin mi madre que era mi patria.
Mis padres han muerto y no son importantes las explicaciones del presidente.
La casa solo cobra sentido con los grafitis de la infancia;
reúno cajas con la precisión de quien no regresa.
La mesa donde Madre escogía arroz está en venta.
Desprendimiento ante los juegos de oruga y ruleta rusa.
La nicotina reviste mis dientes;
las vecinas también se han ido por falta de pulmones.
Parto fuera de la vigilancia de mis vecinos a las 5:00 am;
dejo caer a Eleggua sobre el pie derecho,
no sea que cierren los caminos,
no sea que la muerte me alcance antes que cruce el umbral de la puerta.
Trazo las posibles rutas fuera de estas paredes
y seco mi rostro con la bandera que cuelga en una esquina
como un consuelo.

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Ser Walter B. Jehova

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Alguna vez fui dichoso, alimenté sonrisas amén de las magulladuras, bendije las celebraciones de la carne. Lloré ante los cuerpos de mis padres sin regresar a sus tumbas; construí nuevas puertas de subsistencia, desconocidos nombres donde cobijarme. Aprendí que a nadie es negado el camino, los días, la incertidumbre; el brillo de las horas ―sin voz―.  Memoricé paredes, las grietas en la elasticidad del tiempo como verdad relativa sin lágrimas en el acto fugaz del olvido. Ya sin otra opción fui el equilibrista de actos ficticios, vendedor de ilusiones oxidadas, bufón de ferias vacías. Todos habitan desde entonces mi cuerpo como un edificio desolado.

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ANIVERSARIO

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A Luis Yuseff

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Como un niño desprovisto también corro a casa
para evitar las felicitaciones de los amigos
y una vez aseguradas las puertas
pido la paz que lo muertos ofrecen.
Feliz cumpleaños me digo en baja voz,
las lágrimas como regalo propio
en la rigidez de mi rostro.

En días como este alguien dice que tengo cara de asesino;
yo diría más bien de kamikaze
y mi catana no dudaría un segundo en cortar
el estómago,
___________de rodillas.

Le he dicho a mis novias que se cuiden de quien ha perdido todo,
pero solo han sonreído mientras su lengua
roza mis lunares.
Nunca entendieron la elipsis después del Todo…

Mi madre hablaba de paciencia,
pero qué más puedo soportar
si cada cumpleaños me regalo un pretexto
para no morir.
Cada felicitación hiere
cuando preguntas qué celebras.

La muchacha que ayer hacía el ritual de las orugas
ahora tiene unas alas enormes,
alas que no me crecieron, porque no,
porque debo ser paciente…

Yo también deseo el beso feliz,
la festividad de las botellas,
el estruendo de las risas.
Escogería las etiquetas y la ropa,
los nombres con quienes esperaría
la media noche.
Si alguna vez lo tuve,
alguna maldita suerte
lo absorbió como un agujero negro.

Me siento tan desprovisto
mientras pregunto a los muertos y santos
¿hasta cuándo?;
con la paciente resignación
de quien lleva marcada la soledad
en alguna parte del cuerpo.

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EXHUMACIÓN

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Nadie se suicida: la muerte es destino.
Cesare Pavese

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Las maceraciones aun no cicatrizan
cuando entras al cementerio,
solo,
vestido de blanco y con resguardos contra los malos espíritus;
preguntas que tan malo puede ser un muerto
en un cementerio local,
no más de 100 tumbas,
cadáveres de un pueblo que quizás no debió existir.
El sepulturero espera con la frialdad de quien a diario ve la muerte,
extrae a tus padres de sus tumbas;
los cadáveres después de dos años
no guardan fetidez
solo polvo de lo que alguna vez tuvo forma de piel
y otras cosas orgánicas.
Hay que vaciar los nichos reciclables,
dice el hombre que ahora manipula huesos.
Se compadece mientras habla de su hija muerta,
pero los restos de tus padres es una escena demasiado
viva para cubrirla con talco.
Con sumo cuidado los introduces en una caja más pequeña
mientras un árbol crece hacia adentro y tragas.
De hombre sabes que no hay eternidad,
solo breves espacios de tiempo
al que llaman ahora,
fuera de la sádica flagelación cotidiana,
las cosas simples que uno complejiza como el amor,
el odio,
las miserias humanas.

Ahora intuyes por qué siempre te daban miedo los ataúdes
cuando con siete años te llevaron al psicólogo
al ver la anciana vecina cubierta con sábanas
y no entendiste qué era morir.

Ahora aprendes de golpe que la muerte es un destino.

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Chicas tranquilas y limpias con lindos vestidos*

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Sé que existe pero,
¿dónde está en esta tierra
mientras las putas continúan llegando?
Charles Bukowsky

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Las parejas pasan y la envidia hace crujir mis músculos,
las chicas posan su vista en este hombre
ya sea por curiosidad o aburrimiento.
Miran desde la opacidad de sus gafas
o de reojo,
_________da igual;
siempre lo hacen mientras arreglan sus cortos vestidos limpios.
Es lascivo el gesto de sus manos acariciando las costuras de la tela,
la forma que sus dedos se entrelazan con el pelo.
Quizás el solipsismo destila alguna hormona que las atrae,
las hace desear mi sexo,
sin culpa por las sábanas destendidas.
Absorbo sus extensos monólogos mientras se desnudan
antes de regresar a su vida lineal,
―nunca conformes―.
Las despido mientras sus bocas delinean una posición rígida
como los trazos de un niño en su cuaderno
y pienso en la manera ambigua que se ajustan al conformismo,
como un jeans a unos muslos exquisitos,
un blúmer a los labios inferiores;
luego mantengo la idea que la soledad es mejor a esos juegos formales
donde los novios ignoran la realidad.
Qué estéril mi semen en sus bocas,
qué húmedas sus vaginas,
qué esquivos los hijos que deseé.
Me creen polígamo, criatura dispuesta a la humedad de sus lenguas,
al sudor de los orgasmos espasmódicos que acepto como solución transitoria
de un hombre que se masturba para aliviar la ausencia,
la necesidad de una buena mujer
antes que desee el fin de muchas cosas
mientras las chicas limpias con lindos vestidos continúan llegando.

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*Charles Bukowsky