Melissa Sauma Vaca | Cíclica

Melissa Sauma Vaca (Santa Cruz, 1987) Economista de profesión y MBA en Dirección y Gestión Empresarial. Explora distintas artes como la literatura, la danza y la fotografía.

_____Ha realizado el Diplomado en Escritura Creativa de la UPSA y los talleres online “Narrativa I y II” con Casa de Letras, Argentina. Participó en el taller de narrativa a cargo de Maximiliano Barrientos y, desde el año 2015, en el taller “Llamarada Verde” a cargo del poeta Gabriel Chávez Casazola.

_____En 2016 y 2017 obtuvo menciones en el Concurso Municipal de Literatura Franz Tamayo y en 2017 su libro Luminiscencia ganó el 8vo. Premio Nacional Noveles Escritores, convocado por la Cámara del Libro de Santa Cruz.

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Cíclica

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He sido tantas veces la misma
que hoy quiero ser otra
desvestirme de mí,
despojarme
de todos los adjetivos
que en mi nombre se alzaron,
vaciarme de todos los nombres
que sobre mí han caído,
los que me dijeron
y los que me dije.

Quiero olvidar
las palabras que escribí
las ciudades que amé
los rostros de las despedidas.
Alejarme despacio de esa casa
y caminar tanto, tanto
que ya no recuerde
la calle, el número, los árboles del patio.

Y es que he sido la misma tantas veces
que hoy quiero ser otra
o tantas otras como pueda ser.
Tantas veces que pueda
finalmente
ser la misma.

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Augurio del viento

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Pedí viento para mis alas
y el viento vino
como tormenta desatada en el fondo de los mares,
como un grito de montaña
que arrancó a dos manos mis pies de la tierra
y me elevó por los aires girando en círculos.

Ya no pido vientos ni tormentas

El viento es existencia continua

Pido firmeza
para aferrarme a la tierra
silencio
para escuchar el anuncio del viento
audacia
para saltar en el momento preciso
y el recuerdo de mis alas
para extenderlas
en el vacío.

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Interludio

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Crecemos con cada mirada cada palabra cada abrazo
crecemos en la duda y en la desesperanza
en la algarabía y en la dicha también se crece
y en el miedo y en el horror y en el llanto.

Nos crecen los cabellos y las pestañas
en la noche mientras dormimos,
y al levantarnos y sabernos vivos
sin saber hemos crecido
un paso hacia la última parada.

Crecemos en soledad y en compañía
                            – y también,
                               y no es lo mismo –
crecemos solos y acompañados.

Crecemos en el encuentro y en la distancia
en el asombro y el espanto
en el trayecto y en la estancia
en la risa y el desamparo

y la nostalgia nos crece una sombra azul bajo los ojos
y a veces el amor, y a veces el olvido, nos crecen alas

y en este crecer sostenido decrecemos sin pausa
tal así que en cada alumbramiento morimos
y en cada duelo
                           se nace.