Demian Ernesto | Imitación de Bob Dylan

Demian Ernesto (Ciudad de México, 1991). Estudia la maestría en Estudios Políticos y Sociales (especializado en Literatura y Poder) de la UNAM. Becario del Festival literario Interfaz-ISSSTE 2017. Sus poemas y ensayos han sido publicados en revistas como Citric Magazine, Ágora (El Colegio de México), Pliego 16, Revista del Caricen (UNAM), Los Bastardos de la Uva, Letralia, Rojo Siena, Primera Página y Noir Magazine, entre otras. Su ensayo Pensar la sexualidad desde la libertadfue premiado en el marco del 4o. Concurso de ensayo literario del Festival Cultural de Diversidad Sexual y Género (Gobierno de Morelos) este 2018. Premio Premio al mejor ensayo Ediciones Digitales Punto de Partida 2019. Premio Difusión de la Lectura Alonso Quijano UNAM 2019.

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Homenaje a Tyson

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La principal cualidad de los gatos
es que siempre saben
cuando uno está triste.
Llegan, casi furiosos, a ofrecer
su lomo solidario, su pelaje blando
y sus maullidos reconfortantes.
Nos recuerdan que la simpleza
del cariño inesperado, es una cura
para las únicas enfermedades
                    indescifrables: las del espíritu.
Nos miran severamente, si es que acaso
queremos permanecer aislados
en nosotros mismosson comprensivos.
Y son maestros del dolor, de un dolor
milenario que nada sabe de razones.
Dentro de sus pequeñas cabezas está
descifrado el secreto de lo irremediable.
Tal vez por ello los egipcios
les eligieron para comandar el camino
de la muerte, porque no temen a la luz.
Y saben andar, con lágrimas secas
las tinieblas sin término de la vida.

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Imitación de Bob Dylan

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Y aproximarse a la sombra
sin temor, en la pobreza.
Como al terror de miles de años
de nadie que te escuche.
O el grito de los poetas
que mueren juntos y felices.
La lluvia es dura, cae bajo tu rostro.
Difieres de la opinión de los demás.
Pero nadie, mi amor, te querrá
con esas ideas surrealistas.
Y nadie querrá a una mujer quemándose.
Y nadie querrá a una mujer de arcoiris.
Y nadie querrá a una mujer enamorada.
La lluvia es dura, cae bajo tu rostro.
Tus ojos eran azules, ahora son tristes.
Deberías darte un tiempo para caer,
para ser la complacencia del público.
Y así sentirte en casa, aunque jamás
hayas tenido una, ni un presente seguro.
Porque los hambrientos te llaman hermana.
Y los imbéciles te dicen, ven y bésame.
Nadie se queda frente a la mar sin preguntar
si podemos seguir con el canto del niño.
Porque la lluvia es dura y cae bajo tu rostro.