María Elena Blanco | Sobresalto al vacío

María Elena Blanco. Poeta y ensayista cubana nacida en La Habana, donde cursó sus primeros estudios en el Instituto Edison. Posteriormente, ha vivido en ciudades como Nueva York, París, Santiago de Chile y Viena. Realizó sus estudios de pregrado en Lengua y Literatura francesas (Hunter College, Nueva York) y de posgrado en Literatura Francesa, Latinoamericana y Española en la Universidad de París (Sorbonne) y New York University. Estudios de semiología con Roland Barthes y teoría literaria con Lucien Goldmann en la École Pratique des Hautes Études (París). Profesora de literatura y lengua francesas, crítica de literatura hispanoamericana y conferencista sobre literatura cubana en simposios académicos en Europa y América Latina. Traductora de las Naciones Unidas (1983-2007), jefa de la sección de Traducción al Español de la Oficina de las Naciones Unidas en Viena (2001-2007) y, actualmente, traductora freelance para diversos organismos y sedes de la ONU. Su poesía ha sido incluida en numerosas antologías y traducida al alemán, chino, francés, inglés, italiano, portugués  y rumano, entre otros idiomas. Reside principalmente en Viena, con estadías anuales en Santiago de Chile y Granada.

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NO TE PREGUNTO CÓMO PASA EL TIEMPO

A José Emilio Pacheco
In memoriam

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Juego a aquel juego al azar de abrir el libro
y otra vez cae la página, te oigo leer: viene
raudo a salvarme un príncipe valiente y me
lleva lejos de la casa agrietada, me fecunda
juego a ver qué más cae
                                            caigo
                                                         en una
que todavía no existe, la que irá cayendo en
esta tumba junto a tu tímida, cortés, comedida,
eternamente agobiada mexicanidad
                                                        y hay que ver
lo que (de)cae
                         trozos de Kensington (Earl’s
Court), Manhattan (En-guay-yu), el De-efe,
Austria-Hungría, la Condesa (sangrienta),
el conversacionalismo, la poesía pop, la lírica
intimista, el nos de la nostalgia, el tú retórico,
el yo poético, el gusto y el sentido
                                                   y de llapa cae
(para que lo disemines en tu viaje estelar) lo
neo, lo barroso, lo barrocko-có
                                                   todo se cae (y
cabe) en el canon de ultratumba, hasta el poème
de circonstance (qué más tópica circunstancia
que la muerte) en que el verso le pone cero
y cerco al ser (viva la redundancia)
                                                                    acaece
recae
                                                                    aterriza
aterroriza al académico, profana el pasto raído
del rimar espontáneo (la noble poesía natural)
que de paso destierra o entierra contigo.

El túmulo del tiempo sepulta nuestros dioses,
José Emilio, y no hay arte poética que valga.

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AMERICAR, HOY

(Tocata americana en cinco movimientos)

 

“Nosotros debemos crear el verbo americar
y conjugarlo hasta el hastío”.
Matta, El nacimiento de América (1952-1953)
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I (Andante, un poco agitado, luego largo)

Americo de tanto en tanto aunque ya no tengo nada que probar.
Hubo una época en que sí. Por defecto (decían)
yo no podía sino ser:
Gusana
Batistiana
Proimperialista
Agente de la CIA
Traidora a la Patria
Contrarrevolucionaria.
El mismo Matta en esa época
me habría tildado de persona non grata.
Pero al pasarle unos poemas en Boca Ratón
(ya muy cotizado en USA y con su fiera italiana)
le daba igual, inmune al viejo tema de quiénes vivían
dentro y quiénes fuera (Casa de las Américas, año 1969).
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II (Tempo justo)

Lo más duro es americar en la fauce del monstruo
(Martí, en Nueva York), allí donde America es otra:
ciclópea (Darío), dadivosa, pero también vil, viscosa.
La clase de fiera que te roba la lengua (y el lenguaje).
En la Isla no hay filin por lo que sería americarse,
se confunde con dólar, blúmer, bluyín (viva la RAE).
Sentirse americanos siempre fue una entelequia o un
contrasentido, en la República como en la Revolución.
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III (Moderato cantabile)

Exiliados los zapaticos
de rosa y cumplidos los ritos
de la manzana gris y el
barrio latino, aprendí
a americar en latitud Sur:
me ameriqué en glaciares;
inhalé el esmog y la garúa,
los gases lacrimógenos;
me humedecí de puerto
y amanecí preñada;
olí eucalipto en llamas,
subí al hogar del fuego;
volé espiando ríos
nombrando los volcanes;
jadeando abracé ruinas
y me habló el arco iris;
interrogué a una estrella
en los espejos de agua.
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IV (Adagio sostenido)

Hoy no estoy para cuentos. Por lo demás,
americar ya no confiere señas de identidad
ni de lugar. Se desprecia lo propio y se teme
lo ajeno, y pronto no quedará lugar que se
respete (abierto, por donde transitar indemnes).
Si al menos el verbo americar fuese un conjuro
para resistir al mal (que ahora es planetario).
No hay consignas, ni ídolos. Ni nosotros.
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V (Allegro vivaz in crescendo, luego piano)

Esa que dice yo, saltarina irredenta
sin domicilio fijo y casas al garete,
está ausente del ruedo y (en sordina)
replica a aquellas lenguas de trapo
babeantes de odio por las comisuras,
americándoles a diestra y a siniestra:
Soy
Fénix
Indigenista
Helenizante
Agente del Eros
Defensora de Matrias
Requetecontralibertaria
Sierva de nadie
Amazona
Poeta.
Y este destino, oh desdichados, será mi salvación.

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CASAS DE AIRE

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Cuando zumbar hizo los muros llovió espuma
de araña, el aroma materializó una sinestesia
iniciática, muertas las lías precipítanse al fondo
de tanta copa rota, borras borrando cacofonías,
metrajes subexpuestos, premonitorios brindis,
de las rompientes entran unos gases oceánicos,
gargantillas de pompas de champán, sopla una
ventolera que sin querer sabiendo o sin saber
queriendo convocaste (te acuerdas del percal,
todos los bienes muebles, se ne frega), perlas
encubadas en agitados mares (nuestro vino no
bien, viaja), en cubas, cuba cúbica con bozal de
alambre (no salte el corcho), cuestión de crianza,
calzones, calistenia, muñeca brava tú, muñeca,
golpe de puño, muñequeo, degüello frío en frío,
nostalgia de la presión primera: apuesta al nada
o nada (nupcias), final de tango, virgen extra.
Burbujas como átomos en fuga, así las casas.

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ENTRETEJIDOS

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entretejer (del lat. intertexere).

The plot thickens…
    George Villiers

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I

Uno elástico, uno revés: como decir
una de cal y una de arena, no ayer
hoy casi mañana nunca,
silábico ping pong sobre
la lana, naturaleza muerta
(naranjas, otoñando): como decir
jaque mate. Remata
punto cruz.
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II

Estación rebobina:
despaísate,
cambia aguja por pincho
de cocodrilo, gacela, lana
por algodón de Nilo, suéter por
kanga, hilado fino, escape. (Hastío.)
Muda dieta, muda molde y modelo,
maniquí.
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III

Las piezas se enredan
(la trama se complica), vuelve a tejer
orillas, fugas, vindalúes‒ 
la misma lana, sí. Practica punto arroz,
trenzados: kama sutra, riega
vodka en lassi de mango.
Enreja delantero izquierdo,
corretea derecho.
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IV

En el entretiempo de la urdimbre se cuela desenlace
frío de ducha y café express, se entreteje en
caliente un tejemaneje de delicatessen:
cúrcuma, yogur, legumbres,
finas madejas holandesas,
cervecita helada. Deseo.
Nudos y puños por
urdir y destejer.

(Obra, mía)