Darcy Borrero Batista | Tataravinko

Darcy Borrero Batista (La Habana, Cuba) Periodista, narradora y poeta. Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2016 y egresada del Taller de Técnicas Narrativas impartido en el Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Diplomada en “Mediación Lingüística y Cultural en la Comunicación Pública” por La Sapienza Universitá de Roma y la UH. Es autora de los libros: “Eduardo Heras: los pasos, el fuego, la vida” (Letras Cubanas, 2018) y “Mestiza (Jugando a escribir po-e-sí-a)” (CAAW Ediciones, 2017). Ha merecido Premio de poesía “Un poema en alta voz”, que otorgan la revista St. Petersburg y el Festival Internacional de Poesía de La Habana. Mención en los Premios Nacionales de Poesía “Calendario” 2018 y “David” 2017. Premio de Reportajes de la Editorial Hypermedia 2018. Ganadora del Concurso de Ensayo Periodístico “Cuba-Unión Europea, 30 años de relaciones diplomáticas”, 2019. Ponente en la I y II Conferencia Internacional de la Asociación Colombiana de Estudios del Caribe en 2015 y 2016. Textos suyos han sido publicados en revistas y antologías de su país y del extranjero. Forma parte de la antología de poemas “Impertinencia de las dípteras” (Ediciones Exodus del Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora, 2019) y la de cuentos “Ariete” (Ediciones Samarcanda, 2018), reconocida con el Latino Book Award de Estados Unidos. Colabora habitualmente con revistas cubanas independientes como “Tremenda Nota” y “El Toque”. Ha publicado también en “El Estornudo” y “The HuffPost México”. Recientemente, realizó un viaje de estudios a las instituciones de la Unión Europea en Bruselas, así como también trabajó en la organización de la Bienal de Poesía de La Habana y del Festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez in Memoriam”.

MORDIDA

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SEMÁNTICA DE LA MATERNIDAD O TATARAVINKO

Tataravinko
—Así me llama mi madre—
Busco la palabra en el diccionario
Y luego la consulto con San Google
—No se han encontrado resultados—
Desde que tengo uso de razón
Jamás he oído la palabra
De otra boca que la de mi madre
¿Mi madre dice palabras que no existen?
¿Mi madre me toma por algo que no existe?
Prefiero pensar que el neologismo responde
A la necesidad de designar
(desconociendo todo lo preexistente),
Algo tan suyo
Como las entrañas

ASAMBLEA DE RENACUAJOS

Mañana vendrán los renacuajos y,
Antes de convertirse en ranas,
Tendrás que verlos mordisquear en
el estanque;
Nadar sin rumbo en aguas turbias,
donde el azufre es oxígeno.
Mañana vendrán las Maricusas y,
Ante tus ojos
se comerán la carne de tus ancestros,
la carne que disfrutabas junto al dios Baco
—como un Poseidón cualquiera que es mitad Afrodita
y se trasviste en las noches sin vergüenza
ni temor a la cicuta;
y se despliega

por las arenas de una playa demasiado turística—.
Mañana llegarán los renacuajos, a la hora
del huevo hacerse carne;
a la hora en que las ancas
quiebran muelas
y las cinturas se desarman.
Mañana vendrán y volverás al polvo.
Serás
nada

MORDIDA

Esparadrapo para tapar estas heridas/ que va dejando la lluvia/ al chocar
contra la piel/ Low battery/ Se apaga el cuerpo. Poner el crisantemo y los
almácigos a hornear/ Low battery/ Comerse las uñas hasta la sangre/ barrer De
espaldas hasta ganarle al suelo/ Low battery/ embarazar a la Historia,
embarazar a las siete musas/ hacerlas abortar preciosos peces/ Low battery.
Yo tengo la bala que mató al perro de Trotsky/ la Q de corazones me busca
con la mirada/ una rayita de energía, queen/ casi muere el cuerpo/ me
degenero en un salterio/ trenza los dedos para disimular el Parkinson/ End
battery/ ya he ido al lado de los occisos. Ahora sí me puede morder el perro/ o
la bala

BELLEZA

Cuando hablan de belleza/ Pienso en espectros, en calaveras anónimas que mueven/
Bajo estos pies/ La tierra/ ¿Belleza?/ El cráneo gastado de un desconocido en la
Facultad de Biología/ El feto que aguarda ante/la clase de Medicina/
El cadáver que devora
Un buitre
A 8 de febrero del 2018
En la Patagonia/ Belleza el trazo prehistórico en Altamira/ La sangre vertida
Por una bandera rota/ Y pestilente.
Las heces de ceniza/ Que destila el tabaco
De la historia.

Belleza no puede ser Marlon Brando/ Belleza tiene que ser Irakere/ Belleza no es un
ángel de Victoria’s Secret/ Sino la mano temblorosa/ Que palpita/ el llanto de la
anorexia/ La momia egipcia que no es más Cleopatra o Nefertitis.
El tataranieto del homo sapiens/ La historia
hecha ceniza/ de una mano que escribe/
El despojo.

DESPUÉS

Vine después de la carne rusa
las Matriuskas
la caída del muro de Berlín
Cuando llegué todo era ruinas
No me asombró
Vine luego de dos guerras mundiales
y aun así la Tierra siguió girando para mí
No me sobresaltó la Primavera de Praga
Ni los misiles dispuestos como sirenas
en procesión hacia el norte
Llegué cuando el raíl era oscuro
Deshilachado camino
Di tumbos/ Pregunté por mis padres
en el tumulto
Y respondieron/ Que aquí
Todos eran padres de todos
Todos hijos de todos
Que la guerra borró los nombres
e inauguró fosas comunes/ Que broté
de cualquier fuente/ Que mi generación es una
zapatilla sangrante/ el dedo seco antes del tacto
Que nos disponemos a llenar el Arca/ y todo
es prescindible/ Que no comulgamos
con pasado alguno/ Pero la Tierra sigue girando
la tierra sigue lisa e irregular, al mismo tiempo,
rodeando ataúdes y soportándonos

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EL MÉDICO

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Soy médico —me dijo—
y entonces quise felicitarlo:
«Eso de salvar vidas está muy bien» —le dije—
y él sonrió a través del chat de Facebook,
su risa era la risa de los fantasmas,
la risa de la robótica,
la risa de la ciencia ficción.
Pensé cómo sería su rostro tras las espaldas
de una red:
triste.
El médico sabe que no salva,
el médico sabe que se encarama en una cuerda floja
cada vez que está frente a él el paciente.
El médico sabe que es como un contorsionista,
como un equilibrista
de circo,
actuando bajo la carpa de la vida.
El médico cocina
su sardina
en su propia salsa,
el médico ensucia de sangre su bata blanca
sus manos
su cara
y le da un aventón a las almas leprosas:
el médico jamás se salva de su propio dolor