Cien años de haiku en español. Homenaje Tablada | Por Hiram Barrios

Entre los meses de febrero y mayo de 1919, José Juan Tablada preparaba uno de los libros más singulares de su trayectoria poética. En septiembre del mismo año aparecería: Un día… Poemas sintéticos, publicado por la imprenta Bolívar en la ciudad de Caracas, Venezuela, lugar de residencia del entonces escritor y diplomático mexicano.   El libro, con 36 poemas breves e igual número de ilustraciones a cargo del poeta, introducía el haiku en la poesía occidental. Se trata de una poesía de herencia japonesa, que suele presentar tres versos que en conjunto suman diecisiete sílabas. La estructura tradicional, en un principio inamovible, exigía cinco sílabas para el primer y el último verso, y siete para el intermedio. Tablada, sin embargo, no seguirá al pie de la letra esta regla, y buscará más bien ajustar la esencia de esta poesía japonesa a nuestra lengua.

______El artífice de los haikus (conocido en japonés como haijín) busca capturar instantes significativos o sugerentes de la vida en la naturaleza, a partir de una serie de “palabras claves” que remiten a una estación del año (“kigo” en japonés). Así, por mencionar unos ejemplos, la caída de las hojas sería una señal inequívoca del otoño, la nieve remitiría indefectiblemente a la llegada del invierno, el nacimiento de un pájaro anunciaría el arribo de la primera, etc. La primera dificultad que enfrentó Tablada surgirá con la alusión a dichas estaciones. Por la ubicación geográfica de México, en el trópico, los cambios de estación no conllevan paisajes muy distintos. Flora y fauna suelen ser semejantes a la largo del año.  Tablada opta por centrarse en los cambios que se gestarían en un día cualquiera: el amanecer, el atardecer, el crepúsculo, la noche y a partir de estos captura sus impresiones. Los primeros haikus tienen un sabor mexicano.  

______La apuesta de Tablada, aunque vista en un principio con recelo, no pasará inadvertida entre poetas y críticos de la época. Los “poemas sintéticos” constituyen el primer libro en las letras hispanas en experimentar con el haiku. Tablada inauguraba con ello una novedosa forma de concepción poética. La brevedad comenzará a despuntar como un ideal estético.

______A cien años de la aparición de Un día… Poemas sintéticos la vigencia del haiku es innegable. Unos, siguiendo con rigurosidad una serie de convenciones temáticas o estilísticas; otros, aligerando la métrica o expandiendo el asunto que se suele abordar, los practicantes contemporáneos no han dejado de experimentar con las posibilidades que arroja esta manera de asumir la creación poética.

______En esta muestra del haiku contemporáneo en español nos congregamos veintiséis escritores de ambos lados del Atlántico para rendirle un sentido homenaje a quien fuera el inaugurador de esta forma lírica y un destacado precursor de las formas breves que se practican en la actualidad.

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Luis Vicente de Aguinaga (México, 1971)

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Pausas de agosto:
la estatua y el mendigo
duermen la siesta.

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Uvas, racimos:
hay, en las telarañas,
gotas de lluvia.

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Frágil penumbra
del corredor… Al fondo,
una ventana.

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Sergio Astorga (México, 1957)

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El reloj

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Con blanca ira,
sus manecillas quieren
medir la vida.

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El chícharo

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Con su diminuta voz,
el verde campea
por el arroz.

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El DDT

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Por su altanería,
las flores se desmayan
al medio día.

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Roberto Javier Acuña Gutiérrez (México, 1981)

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Clase de cocina

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Hay cebollas que lloran
más que los mismos ojos;
todo estriba en el filo y en el cuchillo.

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Sed

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La belleza se bebe como flores de jazmín.
La fealdad, igual que al agua:
Un vaso no se le niega a nadie.

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Víctor Bahena (México, 1993)

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Diente de león
para vencer al viento
a él se entrega.

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Acera rota
las raíces del árbol
sobre el concreto.

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Bajo el hongo
la hojarasca húmeda
rumor de insectos.

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Hiram Barrios (México, 1983)

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Luna de otoño
entre las nubes.
Llueven gotas de luz.

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El aullido del agua, 
un espejo que se rompe. 
Retumba el trueno. 

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En la gotera
un eco acompasado.
Noche de insomnio.

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Alejandro Flores Molina (México, 1989)

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Abeja

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Voladora feroz,
vestida de criminal
seduce a la flor.

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Jacarandas

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Llanto morado:
La melancolía otoñal,
hoy, ha iniciado.

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Juan Carlos Gallegos (México, 1983)

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Tiempo tejido,
es muerte transparente
la telaraña.

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Bajo la lluvia,
una fuente estancada
deja de estarlo.

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Cerro nocturno,
luciérnagas brillantes.
El cielo baja.

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Rubén García García (México, 1946)

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Casi amanece;
se oye el canto del búho
en el crepúsculo.

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A ras del agua
van volando las garzas;
y el pez lo intuye.

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Yobany García Medina (México, 1988)

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Artificio

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En la ciudad
los grillos imaginan
la noche, fingen la voz.

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Avicultura

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Entre sus picos
pedazos del lenguaje:
escriben sus nidos.

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Espectáculo

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Cuando Dios murmura la luz,
en el teatro de la penumbra,
somos marionetas de nuestra sombra.

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José Luis Miranda Rosario (México, 1955)

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¡Hay sinfonía…
pájaro, rana y río,
en caserío!

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La luna prende
su inmóvil gravedad…
sonríe y muere.

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León Molina (Cuba, 1959)

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Tras la tormenta
el profundo silencio.
Los caracoles.

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Luz de verano.
Empapando su brocha
en el trigal.

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Muy lentamente
se ha metido en mi cama
la luna llena.

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Julio Mondragón (México, 1988)

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Cuento los días
que pasan: hojas secas
que el viento arrastra.

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Gregorio Muelas Bermúdez (España, 1977)

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En la oquedad
del castaño caído
¡pía un polluelo!

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El cielo gira
sobre la superficie
del arrozal.

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Entre un graznido
y otro el sol que desciende
por la quebrada.

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José Luis Morante (España, 1956)

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Qué perezosas,
las huellas en el barro;
siguen ahí.

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Pugna de fuerzas.
Estrépito del agua
contra la roca.

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Se desvanece
el sol entre la niebla
y yo con él.

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Elías Moro (España, 1959)

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Con manos de nieve
acarician el agua
las lavanderas.

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Es primavera:
se oyen crecer las flores
de los almendros.

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Manuel Neila (España, 1950)

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Sendas perdidas.
Suenan flautas antiguas
entre los árboles.

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En las esquinas,
banderas. Y en los ojos,
dos lagrimones.

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Entre el estiércol,
flores blancas de hibisco.
¡Como si nada!

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Javier Perucho (México)

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Venceremos

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Ven, seremos dos,
las sábanas debajo
así, por detrasito. 

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Monsrealeana

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En el abismo
los ángeles enfermos
duermen con mamá. 

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Insomnio

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En noches diurnas
retozan los borregos
en los párpados.

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Luis Pineda (México, 1952)

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Semilla oculta
en fosa clandestina
resurgirá.

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Vendaval tira
hojas y ramas secas.
¡Un nido a salvo!

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Noches sin sueño
sin sexo ni poesía.
Pasa el verano.

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Carlos Saavedra Weise (Bolivia, 1949)

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Las palmeras
hoy están quietas.
El viento ausente.

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Cantan los tucancillos,
despiden a la lluvia.
Ocaso de oro.

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Carmen Salas Del Río (España, 1955)

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Entre los plásticos
han muerto los corales
de nuestro mar.

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Pobres cangrejos.
Envenenado el plancton.
Ya no hay sustento.

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Manuel Sauceverde (México, 1979)

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En primavera
el corazón del bosque:
una semilla.

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En una flor
el vértigo del cosmos:
¡Los girasoles!

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Mi corazón:
nido de golondrinas.
Está vacío.

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Heberto de Sysmo (España)

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Nubes rojizas.
Mientras bebe el cernícalo
algo lo asusta.

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Calle mojada.
Llego al semáforo de siempre
y no está el mendigo.

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Tienda de mascotas.
Un hámster ha muerto
y otro juega a su lado.

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Audberto Trinidad Solís (México, 1966)

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Independencia

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Un grillo verde.
Inquietud en bambúes,
brote que salta.

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Vuelo

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Clavan bambúes
en las sombras al mirto:
vuela incólume.

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Juan Manuel Uría (España, 1976)

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Muy de mañana;
en las calles sin luz
solo mis pasos.

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Noche; se escucha
—confundido en su jaula—
cantar a un pájaro.

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Resalta el verde
con sus múltiples tonos
tras la tormenta.

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Ulises Velázquez Gil (México)

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Navegante

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Presentir el mar
¿acaso es una forma
de traicionarlo?

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Oficio de Penélope

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Destejer al mar:
asir la pesadumbre
con el silencio.

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Atardecer

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Detiene al día
con la esperanza solar
de tejer el mar.

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Ricardo Virtanen (España, 1964)

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Un jardín solo
para todos los muertos
en primavera.

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Hilo invisible,
el ruiseñor que quiere
tocar tu espalda.

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Vuela en el aire
todavía la pluma
leve del mirlo.