Roberto Javier Acuña Gutiérrez | Los ojos negros de la noche

Roberto Javier Acuña Gutiérrez (Ciudad de México, 1981). Es escritor, tallerista, profesor universitario en las carreras de Comunicación y Letras Hispánicas en la UNAM, y maestro cervecero en Chupamirto Casa Cervecera. Tiene publicado  el poemario Tarde en recordar (2017), editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Algunos de sus reconocimientos incluyen en el 2012, el primer lugar en el II concurso de cuento “La Ciudad Imaginada”. Cuya obra está recopilada en la antología del mismo nombre editada por el Gobierno del Distrito Federal, ediciones el Zócalo. En el 2014, primer lugar de poesía en el “XVII concurso de poesía: Décima muerte”. La obra está recopilada en el libro conmemorativo a dicho concurso. En 2015 obtuvo el tercer lugar  en el “Concurso de ensayo de literatura coreana. Cuentos de la noche escalofriante. Organizado por LTI Korea y Bonobos. Ha colaborado en distintos medios de difusión cultural como El periódico de poesía de la UNAM, la revista Ritmo, La Otra, el periódico digital Tercera Vía, Revista Cuadrivio, Revueltas Times, entre otros. Está por publicar los poemarios Oficios de un instante por la editorial Obra Negra y Plenilunio por la editorial chapaneca Surdavoz.

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Génesis

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Muerdo la carne,
sus palabras,
acentos del furor o la ceguera
que carcomen el aire
y el flujo de la sangre
que se yergue y se encarna
y me cifra y me descifra.

Escritura

Venda en la herida,
invocación de ecos y raíces;
virgen deshecha por las bestias
de mi voz y mi silencio
que en las noches galopan
violentas, sedientas de retorno.

Escritura

círculo vivo que horada la penumbra
que vuelve a erguirse
en las voces de la memoria,
en las miles de gargantas
que reencarnan en la sombra a la luz del tiempo,
de su inicio y de su “Había una vez”.

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El que derrota al monstruo
y ocupa su lugar
se vuelve el monstruo.

José Emilio Pacheco

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Plenilunio

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Galerías lentas de mi suicidio.
Avanzo:
Sudor, espinas, distancia.
Muros de tiniebla y vigilia,
humedades de cráneos en flor.
Pasillos,
ruinas mías
         ―demasiadas.
Plenilunio.
        Sueño insomne
Tanteo la noche y sus infiernos.
Loza de dientes hechos polvo,
pasos de sombra sin tregua,
destino sin albas,
mi destino.

Plenilunio.

Se agita, se comba, muerde

el hormiguero dentro del sueño;
Serpiente sangre de paloma,
saliva de macho cabrío.
Ungüentos de tristeza.

Plenilunio.

El jardín cerrado y el aire a lo lejos.
Oscuridad de estrellas y perfumes.
Tus labios, demorada agua.

Plenilunio

Una quimera de sombras te respira,
te clava el huracán de su noche,
la enfermedad de su ternura.

Soledad, zodiaco de mujer,  
estrellas que me guían,
mi espada y mi escudo,
mi signo y mi designio,
la rúbrica de mi orfandad,
caricia.

Plenilunio.

Avanzo…

Negras lunas humedecen tus muslos.
Tus senos rendidos enrojecen,
sucumben por el peso
y la violencia de su vientre.

Plenilunio.

Pelambre del grito.
Repta por tu cuello.

Ecos que conmueven la serenidad
de estas negras galerías.

Plenilunio, Plenilunio.

Sangra el mar sereno de mi sangre
al sentirlo hincharse y tremar sobre ti.
En el palpitar de su sed me espera.
Plenilunio mi corazón, tifón
apesadumbrado. Avanza, me arrastra.

¡Plenilunio, Plenilunio, Plenilunio!

Las vísceras se aprietan,
el sudor y el tiempo amargan mi boca.
un blanco fuego te horada las entrañas.
Plenilunio, Plenilunio…
Músculos enloquecidos,
gime el aire hasta mi lengua,
el tufo inconsolable de tus azahares
me marchita.

Tú,
fragmentos de mi luz, cal morena,
refrescas las paredes de mi espanto.
Te imagino y consuelas el camino.
Tus dedos en mi fiebre
rozan mis hogueras.
A lo lejos, te sueño en un sueño sitiado.
A lo lejos,
la luna en tu carne revienta sus oleajes.
Empuño mi cuerpo y mis sombras.
Marcho con la medianoche de un rostro…

Plenilunio.

Agita sus cascabeles.
Plenilunio.
Aguza la calma de sus venenos.

En los umbrales de tu espejo me detengo.

Plenilunio.

Ala o lágrima despeñada
del sueño sobre tu cama.
Entristecida Hydra de amor y obscenidad.
Luz tenebrosa
deformada a tu hermosura.
Plenilunio, Plenilunio
¡Plenilunio, Plenilunio!…

A unos pasos siento la serena
tormenta de tu desnudez.
Tiendo hacia ti mi aliento
y los ecos de mi exilio:
duro cristal de mis sentidos.

Plenilunio.
Se agita sobre ti.
¡Plenilunio!,
dentro de tu boca,
entre tus muslos un grito se retuerce.
Ahogo de mí…

¡Plenilunioplenilunioplenilunio!…
Verde furor que anega mis venas.
Se encienden, se dislocan sus vocales.
Se agita y estalla la ceguera de mi odio.

Plenilunio, silencio blanco.
Calavera, espejo de mi destino,
lasca de mi espada.

Plenilunio.

Encrespa sus cuellos
y el desierto de sus rostros.
Me mira y soy su vacío.
Pira de su muerte, de mí.
Me precipito dentro del círculo de mi deseo,
me encarno a los cristales de tus reflejos.

¡Plenilunioplenilunioplenilunioplenilunio!…

En los vitrales de tu cuerpo

el mío enmarca los colores
de todas las violencias.
La locura entierra sus raíces
en los fuegos de este invierno.

Se dilatan sus pupilas y las mías…

En el reloj el tiempo se contempla solitario,
se mira en la nada de un segundo
se mira y nada es eterno.

La noche arde en la luna de tu cara.

Al fin quiebro el laberinto del espejo.
Doy un paso sobre los vidrios mutilados,
otro más, antorchas de sombras,
dos llamas
-carne, furor, danza y dentelladas…-,
sólo una…
La victoria termina
destrozando al más heroico.

Ple ni luuunio
Descansa la sombra apaciguados sus aceros.

Avanzo.

Mi vigilia comienza abrir su ternura sobre ti,
el infinito,
el vacío sobre tu boca.
Bufa la sangre de mi cuerpo.
Caen mis párpados
y las púas de mis pestañas;
te acerco las garras de mi sed.
Bebo y ahora soy yo, único yo
quien guarda el iris negro de tu sueño.
Terminas por devorar mi blanco corazón.
Soy un ardor de sangre y semen;
roo por tu pubis.

¡Plenilunio. Plenilunio. Plenilunio!

Dentro de ti
fluye y se agota el tiempo a perpetuidad.

Dentro de ti. Muerte tras muerte tras muerte.

¡Plenilunioplenilunioplenilunio!…

La claridad de mis lunas se traza en tus lágrimas.
Duermes agotada, ¿sueñas?…

Nadie vendrá.

Desde el alba de tu cuerpo se apaga la súplica,
el eco del espejo por fin se cierra.
Lo quiebro.
Sólo tú y yo.
Nadie vendrá.
La noche se ha cerrado en Plenilunio.

 

 

 


Roberto Javier Acuña Gutiérrez (Ciudad de México, ), es Maestro en Letras Españolas y profesor en las carreras de Lengua y Literaturas Hispánicas y Comunicación en la Facultad de Estudios Superiores, Acatlán. Escritor y colaborador en varios portales y revistas culturales como La Otra, El Periódico de Poesía de la Universidad Nacional Autónoma de México, Tercera Vía. En 2017, la Universidad Autónoma de Nuevo León publicó su libro Tarde en recordar. Participó en la elaboración de notas e índices en el libro Crónicas Españolas. Estampas de viaje y Luces de España (2018), editado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su trabajo como creador literario tanto en cuento, poesía y ensayo ha sido merecedor de algunos premios y se encuentra recopilado en diversas antologías de México y España. Actualmente cursa el Doctorado en Letras Españolas en la Universidad Nacional Autónoma de México.