Maria Ángeles Lonardi | Soles de nostalgia

Maria Angeles Lonardi. Nació en Larroque, Provincia de Entre Ríos, Argentina. Es Profesora, Poeta y Escritora. Desde el año 2002 se radicó en Almería España. Posee varios Premios nacionales e internacionales en Poesía, Relato corto y microrrelato. Tiene cinco libros de poemas publicados e integra alrededor de treinta Antologías a ambos lados del Atlántico.  Publica en varias Revistas digitales. Trayectoria literaria, en su blog  https://letras-sobre-papel.blogspot.com.es/

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De la Lluvia

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Mientras llueve en otra ciudad
en mi casa hay silencio
y por las ventanas se escapan
los últimos deseos.
Alguien se ha equivocado
desde que Dios andaba
por las aldeas.
Alguien se llevó la llave
de todas las puertas.
Soles de nostalgia en las plazas
alfombradas de hojas secas
de otoño, me nombran.
Ahora sé que el viento del sur
indómito y altanero
se llevó las nubes a otra parte,
allí donde llueve…
Donde lloran olvidadas
esperanzas contemplando,
otras formas de entender la vida.
Porque sólo algunos versos
saben de la lluvia
como los pájaros.

   Del libro “Soles de nostalgia” Círculo Rojo, 2019.

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Del tiempo

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Cuántas veces deseamos
volver el tiempo atrás,
detener ese momento fugaz
que se va tan deprisa.
Disipar los temores
en remolinos de agua
y que el miedo se evapore.
Sin embargo, casi siempre,
el recuerdo hace de las suyas
y se mantiene allí, distraído,
mirando de reojo
nuestros desatinos,
mientras juega con la nostalgia.
Cuántas veces una melodía
se mantiene envolvente
como un eco lejano,
como un  mensaje sutil,
como perfume inolvidable…
Y volvemos a sentir
como si el pasado fuera hoy
un tiempo de nadie.
Perdidos en el rojo
intenso de las cerezas…
cuántas veces deseamos
volver el tiempo atrás.

Del libro “Soles de nostalgia”, Círculo Rojo, 2019.

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Nostalgia

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Te llevan hacia atrás
evocaciones trascendentes,
afrentas innecesarias,
intrigas infértiles,
que no te dicen nada.
Simulacros vacíos apenas
que no saben de verdades
inmutables y definitivas.
Paciencias aprendidas,
la intensidad de la intemperie
y la fugacidad de la dicha
intentan descifrar
los entresijos de la llovizna,
para decirte al oído
de qué está hecha la nostalgia
que cae sobre tus hombros
y te pesa en la mirada.
Esa que come de tus silencios
y que anuda tu garganta.
Esa que provoca suspiros,
bocanadas de asombros,
que te deja en mínimos
y desarmada.
La única nostalgia
imperecedera
es la de tu voz.
Cuánto dice de ti y de mí
la propia voz
de silencios madurada.

Del libro “Soles de nostalgia” Círculo Rojo, 2019.

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Pueblo

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Mi pueblo tenía entonces
la edad de los fresnos,
el canto de los gorriones
y el silbido en el viento.
Mi pueblo tenía la hondura
la estela necesaria,
la inefable levedad
que propicia el regreso.
Mi pueblo tenía entonces
las manos extendidas al abrazo
la medida justa, deseada,
del lugar en el mundo
siempre añorado.
Donde el jacarandá azulea
y el mate es protagonista.
Mi pueblo tenía y tiene
para siempre mi corazón
robado, cautivo,
mis mejores recuerdos
y empeñados aleteos.
Punto cenit
donde los mundos ajenos
se convierten en propios
y donde lo propio
se convierte en motivo,
en fundamento.
Donde la entrega es esencia.
Donde sabes que eres tú
aunque no entiendas que allí
tienes tu raíz, tu origen,
la línea adivinada de la mano
el tempo vital,  el pulso vivo.