Mar Ruiz | La danza oscura de los días

Mar Ruiz. Radica en la Ciudad de México. Estudió la Licenciatura y Maestría en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); estudió en la Escuela de Escritores del Estado de México (SOGEM Estado de México). Es Diplomada en Historia de las Religiones por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Ha participado en Encuentros poéticos nacionales e internacionales y ha sido incluida en diversas Antologías Poéticas. Publicó los libros: La danza oscura de los días y Mar profunda.  https://memoriabrujademar.blogspot.com/

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I

La danza oscura de los días  
es feroz como un animal en celo,
invoca un canto de hiena perdida,
habita los pueblos de polvo y
supura la rabia de la tarde.

Tiene ácido en la profundidad de sus ojos,
aúlla como los gatos que fornican
a medianoche en las paredes abandonadas
por el día,
es la fruta fermentada en el vientre,
es el panteón impregnado de naufragios,
es el agua estancada donde mueren  
las larvas.

La danza oscura de los días  
es un barco abandonado por los vivos,
son el perro y su historia caminando
en la neblina de las vías oxidadas,
son los cuervos arrancándose los ojos
para no ver la ciudad y sus escombros.

Es el tiempo que cae

en líneas escritas por la ausencia.

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II

En el jardín de la infancia
los columpios se oxidan,  
el sube y baja juega con una
silueta sin rostro.
Los caballos relinchan en
pasto sintético olvidado…
                         seco.

Con raíces en las sienes
recibes pisadas de ancianos
que ahora son niños.

Un vestido recién
planchado se posa en
tus huesos, quemantes
astillas detienen la
memoria.

Escuchas la jauría
que fornica dolor
ante tus ojos.
Llueve,
todos se refugian bajo este cielo
sin nombre.
La banca en que descansa tu
espera se deslava,  
                       te sepulta.

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III

Noche,
abuela que se acomoda en el
cabello las flores de los muertos,
canta una canción a los
abandonados,
abre la tierra,
lame los huesos roídos por la
indiferencia,
se sienta en las tumbas y espera.

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IV

Te comparto el pan negro
de la noche,
entre notas de Blues
y disonancias
penetro en el flujo de tus venas,
mis pulsaciones muerden
la oscura semilla de tus pezones,
guardo la savia
de tu tierra en mi lengua
y en el olor intenso de tus bordes
bebo la esencia
de tus antiguas cavidades.

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V

La saliva de la noche
se desliza
en las caderas de la soledad,
le acaricia los pezones
succiona sus recuerdos
se los bebe en los segundos,
muerde su ombligo,
le humedece la entrepierna,
queda infinita, penetrada,
eyaculando imágenes nocturnas.