Poesía Argentina: Luciana Ravazzani

Luciana Ravazzani nació en Buenos Aires el 31 de mayo de 1981. Es licenciada en Psicología. Publicó los libros de poemas El ombligo de las naranjas (Pánico el Pánico, 2011); Intenciones de hablarte (Pánico el Pánico, 2012); Desde las bisagras (Ediciones en Danza, 2015), La intemperie es un lugar seguro (Ediciones del Dock, 2019); y en narrativa, Recién despierta (Alción editora, 2017). Participó de la antología de relatos e imágenes 8cho&och8 (Arset ediciones, 2014). Con el colectivo literario “Las Claudias” publicó el e book Pelos (Outsider, 2015) y Retrato de Claudia Bollini (Unrío ediciones, 2017).

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Un poeta aventuró que se comienza por la madre
porque es lo primero que vemos por dentro.
Aprender a tantear el detrás o el antes de todas las cosas.
Una playa que nace nublada los domingos
y él que descubre su melancólica habilidad
para decir las palabras al revés.

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El jardín ceniciento,
el deseo de ser dentro de un jardín,
abrir los brazos para recibir
todo el peso del cielo.
Pasa un avión.
Tiene cálidas luces íntimas.
Anhelar el cuerpo caliente de un avión.
Pensar que por fuera las luces
son rojas, blancas, dulcemente envidiadas
en el estado crepuscular
de quien las mire en un jardín ceniciento.

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Quiso cambiarme su semen por un ramo de jazmines tempranos.
Acomodé flores y hojas,
cortando los tallos en diagonal
para que pudieran absorber mejor el agua.
El dolor de después, de un sabor salado,
un mar de pececitos muertos.

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Desganada de no volver a quererte nunca más
intenté pensarte así
a ver si el verso te  rescataba,
pero la poesía no sabe ser sin ganas.

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En mi infancia una melancolía se me acercó,
me dijo que iba a soportarla mejor
cuando llegara a la adultez y tuvo razón,
en ese entonces no tenía armas,
sólo los ojos, largas horas de sueño, ciertas dependencias satisfechas a medias.
Para todo iba a ser la primera vez.
Aprendía velozmente y dolía enseguida también.
Hay quienes no se cruzan con la melancolía en la niñez,
por eso sólo se acuerdan de los descubrimientos buenos,
la melancolía se les retrasó.
Es fácil darse cuenta:
ellos sonríen de otra manera.

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