César Vallejo | Truenos

La obra poética de César Vallejo aparece en los años 20, contemporánea de la Generación del 27 en España y de la explosión de las llamadas vanguardias, aquella tentativa por refrescar la expresión artística y literaria justo cuando la poesía buscaba nuevos nuevos rumbos luego del impacto del modernismo. Junto a Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Octavio Paz y José Lezama Lima, forma parte del grupo de los precursores de la poesía latinoamericana, distinguiéndose por su estilo que encarna, como pocos, la libertad del lenguaje poético que fue capaz de remontarse en medio de las recetas de tantas escuelas.

 

 

 

 

La voz del espejo

 

 

Así pasa la vida, como raro espejismo.

¡La rosa azul que alumbra y da el ser al cardo!

 

Junto al dogma del fardo

matador, el sofista del Bien y la Razón!

 

Se ha cogido, al acaso, lo que rozó la mano:

los perfumes volaron, y entre ellos se ha sentido

el moho que a mitad de la ruta ha crecido

en el manzano seco de la muerte Ilusión.

 

Así pasa la vida,

con cánticos aleves de agostada bacante.

Yo voy todo azorado, adelante… adelante,

rezongando mi marcha funeral.

 

Van al pie de brahmánicos elefantes reales,

y al sórdido abejeo de un hervor mercurial,

parejas que alzan brindis esculpidos en roca,

y olvidados crepúsculos una cruz en la boca.

 

Así pasa la vida, vasta orquesta de Esfinges

que arrojan al Vacío su marcha funeral.

 

 

 

 

Rosa blanca

 

 

Me siento bien. Ahora

brilla un estoico hielo

en mí.

Me da risa esta soga

rubí

que rechina en mi cuerpo.

 

Soga sin fin,

como una

voluta

descendente

de mal…

Soga sanguínea y zurda

formada de

mil dagas en puntal.

 

Que vaya así, trenzando

sus rollos de crespón;

y que ate el gato trémulo

del Miedo al nido helado,

al último fogón.

 

Yo ahora estoy sereno

con luz.

Y maya en mi Pacifico

un náufrago ataúd.

 

 

 

Amor prohibido

 

 

Subes centelleante de labios y ojeras!

Por tus venas subo, como un can herido

que busca el refugio de blancas aceras.

 

Amor, en el mundo tú eres un pecado!

Mi beso es la punta chispeante del cuerno

del diablo; mi beso que es credo sagrado!

 

Espíritu es el horópter que pasa

………………….¡puro en su blasfemia!

¡el corazón que engendra al cerebro!

que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.

…………………….¡Platónico estambre

que existe en el cáliz donde tu alma existe!

 

¿Algún penitente silencio siniestro?

¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!

… Y saber que donde no hay un Padrenuestro,

el Amor es un Cristo pecador!

 

 

 

 

Los dados eternos

 

 

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;

me pesa haber tomádote tu pan;

pero este pobre barro pensativo

no es costra fermentada en tu costado:

tú no tienes Marías que se van!

 

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,

hoy supieras ser Dios;

pero tú, que estuviste siempre bien,

no sientes nada de tu creación.

Y el hombre si te sufre: el Dios es él!

 

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,

como en un condenado.

Dios mí, prenderás todas tus velas,

y jugaremos con el viejo dado…

Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte

del universo todo,

surgirán las ojeras de la Muerte,

como dos ases fúnebres de lodo.

Dios mío, y esta noche sorda, oscura,

ya no podrás jugar, porque la Tierra

es un dado roído y ya redondo

a fuerza de rodar a la aventura,

que no puede parar sino en un hueco,

en el hueco de inmensa sepultura.