Punto de fuga: Daniel Téllez

Daniel Téllez (Ciudad de México, 1972). Poeta, Académico e Investigador del Estridentismo. Ha publicado los libros de poesía El aire oscuro (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2001; 2004)Asidero (IMC, 2003)Contrallaveo (UAEM, 2006)Cielo del perezoso (Bonobos-Conaculta, 2009), A tiro de piedra (UNAM-Bonobos, 2014), Punto de fuga (Parentalia, 2018) y Arena Mestiza (Malpaís ediciones, 2018). Preparó las antologías Esas distancias de algo (IPN, 2009)Pasiones desde ring side. Literatura y lucha libre (UMSNH, 2011), Raúl Renán. Material de Lectura 207 (UNAM, 2012) y la edición crítica de El Pentagrama Eléctrico de Salvador Gallardo (Malpaís-Secretaría de Cultura, 2018). Es coautor de José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (Tierra Adentro, 2002), Gilberto Owen. Con una voz distinta en cada puerto (Tierra Adentro, 2004), A contraluz. Poéticas y reflexiones de la poesía mexicana reciente (Conaculta, 2005), Escribir Poesía en México II (UANL, 2013), Tiempo de compensación. Para leer en la banca (Ficticia, 2014), Avatares de la formación profesional docente en México (UPN, 2016) y Las máscaras de la educación y el poder del lenguaje (Castellanos, 2017), entre otros títulos prologados y antologados. Parte de su obra poética se encuentra compilada en El manantial latente. Muestra de poesía desde el ahora: 1986-2002 (Conaculta, 2002), Premio Nacional de Poesía Joven de México. Treinta años (Conaculta, 2004), Poesía Visual Mexicana: La palabra transfigurada V (Conaculta-INBA-Ediciones del Lirio, 2013) y Antología General de la Poesía Mexicana. Poesía del México actual. De la segunda mitad del siglo XX a nuestros días (Océano, 2014), entre otros anuarios y antologías de lucha libre y tópicos populares. Colabora en diversas revistas literarias y académicas del país. En 2001 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino 2001” y en 2006 el Premio Municipal de Poesía “Rey Poeta Nezahualcóyotl 2006” a Creadores con Trayectoria.

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BRINCAMOS LA SUPERFICIE LUNAR

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brincamos la superficie lunar

brincamos la extensión lacra

rebajo

retozamos la superficie angular

a manera

omitimos la cábala que habían gesticulado

hacia fuera danzamos la peña menor  

cuadró para la estampa

[robamos cámara a modo]

y calcaron la toma con el doble cristal

escondida la agitación ella arbitró agotarse

de cilicio no contenido en vasta parcela

la cabriola y la iridiscencia

nos sisaron los párpados a la recuperación

cuando hubo que destrincar la palma de la mano del simio

irnos del índice a meñique estallados

nos alzamos en la faja palmar

enteros

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[Calle Téllez]

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Tengo cinco años y estoy parado en esta arteria,

es el barrio de Pacífico y el comienzo del veraneo

a los vaticinios del abuelo.

Me advierte, con una menta en la boca,

que en lugar de este páramo indeciso,

una muralla de bloques de viviendas

dentro de siete lustros,

iluminará la vía dolorosa hacia Atocha.

El abuelo no se equivocaba.

Ahí donde las mezclillas puestas a secar

anticipan el viaje hacia el Túnel de la Risa,

el destino engulliría la cercanía

y horadaría el corazón

de aquel felino domesticado

que embuchaba las palabras del abuelo

como si raíces tuvieran.

Y ahí no había nadie.

Toda noticia

para entrar al redil del corazón de la Castellana

hoy, viene de un halo.

El tren aminora la marcha

y del paisaje laico que se introduce por la ventanilla

ahora, olfateo la cicatriz de la recta final

aterciopeladamente dolorosa, como el estibador que en el muelle

recibe la puntilla en el único ojo que mira.

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Quien te conoció ciruelo

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Su ciudad no es Odense ni su infancia advirtió una isla con casas cachivache. Su vida no es de jácara y en ningún tiempo su padre maquinó cacharros de postigo. Parió su fama y de ningún modo obsequió historias que soplan los adultos a los hijos. Su padre no obró remendón ni su madre artesana. Usted es un caracol afanado en su célula. Sermonea el colosal oropel de los sujetos. Yace en la orla de dos atajos. Haya inmutables silogismos en los claveles pero el júbilo engalana los itinerarios del paradero inocente. El regodeo es armería de lenguas extranjeras.

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CORREGIR EL BATEO

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Corregir el bateo hacia el azar. Corregir el bateo que

             teme a los perros, tardos hijos de dios que

             usurpan las niñas de los ojos. Aguas para los

             turnos donde se alzaban casas llenas.

Aguas para la recordación de antiguos reinos.

Donde silba una almendra. Donde silba una oración,

              la sal, la serpiente.

(El fruto colorido a los pies del círculo de espera).

              El zumbido de abejas –campestre- echa raíces.

El zumbido de abejas, de búfalos, será la fuerza para

                el arrojo.

Saltar los edredones, de preferencia, distraídos.

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PUNTO DE FUGA

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3

Nunca se sabe si construye como puede.

Si es su primera comunión o anda

persiguiendo al diablo en la silla arzobispal de Santiago.

Escucha a su ajuar empujar el universo

y los desarmadores de las palabras son residuos sólidos

en las bolsas del pantalón.

No se sabe si sueña con demoliciones,

ahora los veredes, dijo Agrajes,

cuando de la fórmula obligada,

Vizcaíno que mira miente si escribe otra cosa

que no embarace la urna del Premio Aguascalientes,

se ponen de parto los montes

y va a nacer un ridículo ratón.

Esto se escribe para ti que anuncias

una obra formidable y no produces nada, dice Fedro.

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6

Superar la franqueza

de nuestra peculiar producción literaria es dar puerta,

le digo a Pancho Pistolas,

enseñar –imposible- algo de la anatomía,

despojarse de la rémora finísima de la filigrana

cuando se hace un esfuerzo por ser imparcial

al llorar de vergüenza con un libro de autor barato.

Te gustan las flores, pregunta.

Sí, respondo.

Bueno (saca su revólver y ¡pum, pum!,) que te lleven coronas.

Ya vas que chutas, le digo,

selecto y concienzudamente,

mientras hurgo cierta forma de compensación

en ábranla, piojos, que ahí va el peine.

No cabe duda, el pudor cholista no tolera

las singularidades de nuestra picardía cultísima.

Nada más que una explicación:

a lo hecho, pecho, es chido.