La matemática de los cipreses | Gabriela Rosas

Gabriela Rosas. Caracas – Venezuela. Poeta. Ha publicado los poemarios La mudanza (1999) y Agosto interminable (2008) con la Editorial Eclepsidra; Blandos (2013) con el Taller Editorial El Pez Soluble y Quebrantos, en la colección Légamos de Ediciones del Movimiento, 2015. Ganadora del Primer Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Juan Antonio Pérez Bonalde (1995), ganadora del Primer Premio de la Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Farías (2014) mención poesía. Ha sido incluida en numerosas antologías en Venezuela y otros países. Ha sido traducida al italiano, griego, inglés, catalán, alemán y portugués. Colabora con medios impresos y digitales de Venezuela y otros países. Es editora del Stand Up Poetry del portal Inspirulina y de la sección de Joven Poesía de Venezuela de Letralia. @Magarosas

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Poemas del libro inédito Con Truman y sin ti:

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Yo fui esa muchacha que diciéndote adiós decía que te amaba.

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Lo veo dormir. Nos tocan las palabras hondo. Nos sembramos para siempre uno en el otro.

Nadie nos salvará. Nadie puede borrarnos lo mordido, el olor a coco, los labios, los domingos.

No pudo ser.

Toda la sal del mundo cayó sobre la mesa

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Querido, C:

Hoy estoy un poco cansada, no sé cuánto de mi aire quiere dar vueltas sobre algo. Entre un trabajo y otro, me refugio en la poesía; quiero entender todo lo que está rasgado, todo sobre el eco, lo roto y sus caballos. Las espirales, los bordes, son un sacrificio, pero a mí se me dan como los besos. No entiendo nada que se sienta tan cerca, tan fuerte, hoy no hay nada que me desprenda.

Amanecí leyendo el capítulo 127 de El libro de los muertos, citado por Propp, V.

Quiero compartirlo contigo:

“No te dejaremos pasar – dicen los cerrojos de esta puerta-, hasta que no nos digas nuestro nombre. No te dejaré pasar – dice la pilastra izquierda de la puerta-, hasta que no me digas mi nombre. Lo mismo dice la pilastra derecha. El muerto nombra cada parte de la puerta, y estos nombres son a veces muy complicados. No dejaré que me atravieses – dice el dintel-, hasta que no me digas mi nombre. No te abriré – dice la cerradura-, hasta que no me digas mi nombre. Lo mismo exigen los goznes, las jambas y el pavimento. Y, para terminar, Tú que sabes quién soy, entra”.

 

Te quiero, porque pusiste una silla frente a la ventana, y yo no había visto la ventana.

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Poemas inéditos de La matemática de los cipreses:

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Hay belleza en cuanto cierro la puerta
una cierta nostalgia de campanas
en la décima hora

abrazo la puñalada
me aseguro del daño

nadie es a simple vista una serpiente.

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Creí en gestos
como el olor del café al atardecer
una mano junto a la otra mirando al cielo
el trozo de pan cada mañana
que un abrazo salva
del dolor de partir
y rezar por todos cada noche
guardar sus secretos
serviría

creí en el hilo del mundo y el nosotros
que las casas nunca se desploman
desaparecen
caen
pero vivir en ellas siempre es el fin de algo
en volver
para llenar mi vientre con memorias
antes del daño
en la bondad
que viajar tal vez podría

pero se quedó mi infancia sin contar
el hijo lejos del vientre
las piernas colgando
el dolor de cabeza atado al cuello

las palabras fueron las que me negaron todo.

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A todo el que no estuvo
cuando me quemaron viva
cuando dolía la enfermedad
cuando las pequeñas manos eran cerradas
mientras me desangraba
cuando dormir no era la paz

No me pidan agua
no se atrevan.

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Fotografía: Alejandra Flores