Juan Arabia | Literatura de límites

Juan Arabia (nacido el 18 de junio de 1983 en Buenos Aires, Argentina), poeta, traductor y crítico literario. Egresado de la Facultad de Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, actualmente es el director del proyecto cultural y literario Buenos Aires Poetry, y colabora en el suplemento de cultura del Diario Perfil (Argentina).

     Ha publicado los libros: ‘John Fante. Entre la niebla y el polvo’ (El fin de la noche – Buenos Aires, 2011); ‘PosData a la Generación Beat’ (Buenos Aires Poetry – Buenos Aires, 2014); ‘El Enemigo de los Thirties’ (Buenos Aires Poetry – Buenos Aires, 2015); ‘John Fante: Camino de los sueños diurnos’ (Buenos Aires Poetry – Buenos Aires, 2016); ‘Il Nemico dei Thirties’ (Samuele Editore, Collana Scilla – Fanna, Italia, 2017), ‘desalojo de la naturaleza’ (Buenos Aires Poetry – Buenos Aires, 2018) y ‘L´Océan Avare’ (Al Manar, Voix Vives de Méditerranée en Méditerranée – Francia, 2018), entre otros; y las traducciones: ‘Nuevos Versos y Canciones (Arthur Rimbaud, 2014); Un-gin-meando… (Dan Fante, 2015); ‘Lustra (Ezra Pound, 2016), ‘Poesía Beat’  (2017), y ‘Exultations (Ezra Pound, 2018), entre otras.

Calabria

 

Et Faim Sallir les Loups des Boys

Luego de cruzar tantos desiertos
y de pertenecer a la raza más baja
mi idioma se desvanece
en pájaros sin plumas.
España, llegaste con la suerte
de imitar a los corsarios.
España, tu cielo no es prueba
de luna ni colibríes.
Estos ojos azules manifiestan
tu falta de naturaleza y dedicación.
Me escapo del sol,
de tu cielo mestizo,
y viajo por el interior
de Buenos Aires buscando
a los obreros italianos anarquistas
que sepultaron tu dominio.

Valparaíso

 

Cien perros a la borda
en la orilla del puente,
negras, estatuas y autobuses
en el empinado cerro

de una ciudad que sangra
siempre del mismo costado
y encierra su verdad
en campanadas de oro viviente.

Gotas de aguardiente

 

a José Luis Díaz-Granados

 

Saliendo de Pereira
donde mangos y murciélagos
festejan la sed cotidiana
derramaste el agua que
todavía arde en soledad por sus muertos.

Mucho antes de besar a Julio Flórez
y enfrentar el mismo cáncer.
Mucho antes de caer golpeados
en cualquier esquina de Salento.
Mucho antes de la hora en que todas

las mujeres se hacen bellas,
y en la que los condenados
sonríen incluso por sus pérdidas.
En la misma hora que el sol entristece
y seca a las piedras en su vientre.

Mañana en parroquia San Pedro Telmo

 

Esos pobres que
buscaban alimento
bajo el sol

mientras la luz
brillaba, brillaba
como las escamas

de un pez
sobre la cúpula de
la iglesia

y el aire
temblaba, temblaba
desparramando

semillas
del aire
y de la tierra

alimentando
a un pequeño
grupo de pájaros.

Gotas de mezcal

 

Enterraron esos pájaros de tus manos,
podaron árboles, patearon lunas.
Consiguieron 16, 32, 48, 60 mil
por dejar su gusano en alcohol mexicano

por dejar con vida al Cristo famélico
yo y esa máscara antimoderna
yo y una época que reclamaba
un blando yeso que moldear

Esos mismos que enterraron los pájaros de tus manos.
Esos mismos que podaron árboles y patearon lunas.
Esos miles que avanzaron en verano
frente a las blancas baldosas de la brisa.

Hemingway

 

Hay hombres que abrieron sus ventanas por la noche
para echarse encima toda la tristeza del mundo.
Hombres que supieron trasplantar la niñez en su juventud,
y que supieron transformar el mal tiempo y la lluvia
imaginando lejos un lugar donde pasar el otoño
y la nieve crujiera en los caminos.

Tal vez lejos de París podría escribir sobre París, pensaba.
Y así se fue alejando de todo, incluso de él y de la escritura.
Porque hay hombres que abrieron sus ventanas por la noche
para echarse encima toda la tristeza del mundo.
Hombres que supieron trasplantar lo mejor de su juventud,
cargaron sus armas, y perdieron así una estación de la vida.

Halcón de viento marino

 

Ahí donde las olas se rompen sin quebrar
el silencio que se establece
en los símbolos que no dudan de su poder
un halcón lucha contra el viento marino
de la Costa Atlántica Argentina.

Cada vez que aterriza caen
los pétalos de su especie,
la soledad de sus llamas,
la corona de su espuma.

Cada vez que aterriza lo hace lejos
del envenenado molino
que descabeza palomas de asfalto en el verano
y sacude a los nidos en tormentas de provincia.

Muerte en el aire

 

No quedarán los restos
apartados en una carretera
de las calles sin Dios
donde niños preguntan al pasar
si han visto a esos perros
exterminados y aislados
por fuera y dentro de su alma.

El aire sostiene el peso de la muerte,
disminuye las partículas,
se extiende durante el tiempo
en una sola voz fundada.