Roberto Bolaño: la declinación del “yo”

En los últimos años podemos observar una proliferación de la autoficción y, sobre todo, de las teorías que la conciernen. La mayoría de los investigadores trata de refinar la terminología para que permita establecer las fronteras entre factos y fantasía, cuantificar la veracidad de los textos, medir la presencia del autor en ellos, revelar sus trucos y descubrir su identidad. No obstante, su objetivo principal parece ser la cimentación de las bases de su disciplina y la demarcación de los límites del género analizado. La afición a la sistematización resulta tan dominante que suele encubrir el contexto más general y profundo del problema: el fenómeno de la autoficción no constituye solamente un caso particular de la literatura. Sirve también como un modo de la crítica general de la relación entre la realidad y la ficción, la dimensión actual y la potencial de nuestro mundo.

     Este problema está muy visible en la obra de Roberto Bolaño, que provoca también una reflexión acerca de la identidad del yo frente al Otro (y otros) y la condición general del sujeto contemporáneo. Además, la falta del consenso crítico acerca de su modernidad o posmodernidad contribuye a su carácter interesante y actual.

     En vez de tomar parte en las ya existentes discusiones terminológicas y clasificadoras acerca de la autoficción como género, propongo un acercamiento diferente a la búsqueda del autor en su texto. Por un lado, se trata de una pesquisa literaria inspirada en Bolaño mismo, ya que sus protagonistas, detectives (más o menos) salvajes, destacan en las investigaciones de este tipo. La lectura que trata de establecer sus mecanismos a base de las estrategias encontradas en el texto investigado evoca la filosofía (y práctica) de Jacques Derrida. Entre los conceptos del pensador francés destaca, en el contexto de Bolaño y la autoficción, la idea de la firma (signature), que analizo en el apartado cuarto del presente texto.

   Por otro lado, para ubicar la reflexión sobre la obra de Bolaño y la literatura autoficcional en el marco teórico-filosófico más amplio, aprovecho las ideas concernientes al sujeto y la relación de la ficción con la realidad del investigador polaco, Ryszard Nycz.

    Propongo entrar en la materia desde un punto de partida localizado en las ficciones de Jorge Luis Borges, como muchos críticos y teóricos, cuyos trabajos afirman que la referencia al autor argentino se ha convertido en un tópico en la teoría del siglo XX.

     En Los dos reyes y los dos laberintos (1949) Borges presenta el encuentro entre el rey de Babilonia y su pobre homólogo árabe. El primer monarca construye “un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros”, “tan perplejo y sutil que los varones más
prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían” (Borges, 1993: 157). El rey de Babilonia, para burlarse de su huésped, invita al rey de los árabes a entrar en el laberinto, donde éste obviamente se pierde y es humillado, aunque, con la ayuda divina, por fin encuentra la salida. Años más tarde puede ejercer su venganza: cautiva al rey de Babilonia y lo lleva al desierto, el segundo laberinto del cuento, uno sin puertas ni escaleras, donde el prisionero muere de sed y hambre.

   El texto de Borges, leído como una metáfora de las relaciones entre los escritores y lectores, parece ser un cuento admonitorio para los teóricos que trazan esquemas definitivos para enjaular en ellos a los autores (como el rey de Babilonia). En los textos de Bolaño también se halla, explícitamente, un laberinto semejante al del rey árabe: el desierto de Sonora, donde mueren las mujeres asesinadas y desaparecen los poetas. Borges y Bolaño usan el desierto de forma alegórica, para hablar de la literatura y la lectura. Los protagonistas del autor chileno, metáforas de lectores completamente inmersos en el libro, emprenden viajes al desierto para encontrar escritores desaparecidos: Cesárea Tinajero (Bolaño, 2011a) o Benno von Archimboldi (2004). Bolaño insiste en que los críticos de literatura, en vez de proponer exégesis o diatribas, sean “lectores endémicos”, capaces de presentar múltiples lecturas diferentes de una obra (Bolaño, 2011b: 88). Por eso supongo que se trata de ver el texto como un laberinto del desierto, o, en otras palabras (de Borges), el Libro de Arena, “porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin” (Borges, 1998b: 53).

 

 

Los “yos” de bolaño

 

En el ensayo que trata de describir la relación entre biografía y ficción en los textos de Bolaño, Bolaño y yo. Las dos caras de la autoficción en la obra de Roberto Bolaño, Matei Chihaia distingue dos vertientes de la autoficción en los textos del autor chileno. En la primera, que podría llamarse “homonímica”, aparece un protagonista llamado Bolaño. La intervención en el texto de este modo sirve, según el investigador, para “reforzar la identidad productiva” y subrayar el compromiso artístico y político del escritor. La segunda vertiente es “heteronómica”: en vez de Bolaño, aparecen sus alter egos. En este caso se trata de “tender hacia la experiencia del sueño y transgresión” (2010: 147), experimentar el “yo” como otro.

    Chihaia, definiendo la relación entre Bolaño empírico, el textual y su lector como el “pacto ambiguo” (Alberca, 2007), sitúa al escritor chileno dentro de la “batalla” terminológica, es decir, dentro del laberinto del rey de Babilonia. Pero su ensayo, lleno de constataciones y decisiones, provoca muchas preguntas. La división entre la autoficción “homo” y “heteronómica” es poco convincente en el marco particular de la obra de Bolaño: no coincide con el modus operandi de sus protagonistas, que emprenden búsquedas de autores perdidos sin fijarse en los detalles tan nimios (relevantes solo superficialmente) como el cambio de nombre. Sirva de ejemplo la pesquisa de Cesárea Tinajero en la novela Los detectives salvajes (Bolaño, 2011a) o de Carlos Wieder en Estrella distante (2010). Sus huellas son también las huellas de Cesárea Tinaja, en el primer caso, y de Ruiz-Tagle, Masanobu, Juan Sauer y Jules Defoe en el segundo. Además, según Bolaño, cada texto está siempre “teñid[o] ligeramente de autobiografía” por el autor, para constituir un narrador individual que evite el “peligro de perderse, de sumirse en el «nosotros» pantanoso de las novelas escritas al gusto del gran público” (Swinburn, 2006: 76). No obstante, el componente factográfico no consiste en la inclusión de datos biográficos o del nombre de un escritor, sino en “la manifestación de la imaginación de un autor, la única parte de su persona que merece nuestra atención”
(Chihaia, 2010: 141).

 

 

El “sujeto siléptico”

 

Para observar el fenómeno de la autoficción fuera de su marco terminológico usual, inscribirlo en el horizonte general de la reflexión sobre el autor y el sujeto, y, al mismo tiempo, solucionar (u omitir) el problema de la imposibilidad de leer un texto como ficticio y factográfico a la vez, quiero proponer un acercamiento a Bolaño-ensus-textos mediante el concepto del “sujeto siléptico”, presentado por Ryszard Nycz.

    Aunque la idea procede del texto Tropos del “yo”. Conceptos del sujeto en la literatura polaca del último siglo, escrito, como indica el título, en un contexto geográfico particular, las propuestas teóricas de Nycz pueden ser leídas como observaciones universales y permiten encontrar un vocabulario e ideario para describir la obra de Bolaño.

     Nycz explora los cambios en la relación del “yo” empírico con el “yo” textual sucedidos en el siglo XX. En su opinión, es posible distinguir cuatro tipos de sujetos, basados en los cuatro tipos de la relación mencionada:

  • el sujeto simbólico, que considera su escritura como la superficie llena de simbología idiosincrática que permite acceder a su “yo” profundo y verdadero (1997: 91);
  • el sujeto alegórico, que sospecha que es imposible acceder a la unificación del ser soñada por los simbolistas, ya que el individuo es una función de las fuerzas que no controla (sociales y psíquicas); el significado creado por él no es idiosincrático, constituye una representación de algún sistema de significados exterior. Sin embargo, se trata de un sistema de parábolas sin clave, así que la alegoría puede resultar tan misteriosa como un símbolo (1997: 97);
  • el sujeto irónico, que manifiesta una incongruencia drástica de expresión e intención, la realidad y el ideal, el parecer y la verdad; postula la vigencia del idioma y modo de expresar el pensamiento tradicional, pero al mismo tiempo subraya la imposibilidad de hacerlo; de modo semejante, proclama la existencia de un sujeto fuerte, fijo y autónomo, pero añade que es imposible percibirlo, llegar a él mediante símbolos o parábolas (1997: 103);
  • el sujeto siléptico. Empieza a ser dominante en la segunda mitad del siglo XX y representa el estado actual de la evolución de la relación entre el “yo” empírico del autor y su “yo” textual. La silepsis, término procedente de la retórica clásica, es un “tropo que consiste en usar a la vez una misma palabra en sentido recto y figurado” (DRAE, 2014b: en línea). Michel Riffaterre la considera el rasgo más característico de la literatura, que es a la vez intertextual y contextual, mimética y semiótica (Nycz, 1997: 107). Nycz la utiliza para describir el “yo” que es “a la vez verdadero y falso, empírico y textual, auténtico y ficticio-novelesco” (1997: 108)

    La identidad del sujeto siléptico no depende de la oscilación del “yo” entre la superficie y la profundidad, sino que se despliega horizontalmente, dado que está basada en la interacción e interferencia de los “yos”. El sujeto no existe primero “en sí”, para después exteriorizarse en el idioma del otro; fuera de la relación con el otro (por lo menos el otro “yo”) deja de existir, así que acepta su condición fragmentaria y la identidad intersubjetiva (Nycz, 1997: 108-110). La crisis del sujeto profundo, seguro de sí mismo, produce el sujeto compuesto de las influencias mutuas del “yo” que escribe y el “yo” escrito, que no son la misma persona, pero contribuyen a la composición o figuración de la persona del autor (Nycz, 1997: 86-7).

 

 

 

 

 


ZOFIA GRZESIAK
Castilla. Estudios de Literatura