Mario Islasáinz

Lic. en Psicología por la BUAP, en Letras y en Filosofía por la UDLA. Maestría en Literatura Hispánica por la UDLA. Publica desde 1981 para diversas revistas, Diarios y suplementos culturales nacionales como extranjeros. En 1984 obtuvo el premio de Literatura y Lingüística por la Universidad Autónoma de Puebla. Coordina talleres de creación literaria por el INBA desde 1990. Publicó para “el Búho” Suplemento cultural del periódico Excélsior de 1990 a 1998. Delegado de la SOGEM 1995-1996. Vicepresidente de la red nacional de talleres de creación literaria 2002.2007. Dirigió la revista literaria “Pasto Verde” de 1993 a 2003, obteniendo reconocimientos nacionales en 1996 y en 1998.. Director de la editorial independiente “Letras de Pasto Verde” desde 1991 a la fecha. Tiene a la fecha publicados 43 libros, 41 poemarios, una novela y un libro de cuentos. Está considerado en más de un centenar de antologías en el País como en el extranjero. Su obra poética ha sido traducida al náhuatl,  inglés, francés e italiano. Promotor y difusor cultural independiente desde 1989 hasta la actualidad.

(6/dic/1959) Córdoba, Veracruz, México. Radica en Orizaba, Veracruz. México.

 

Inocente

 

Recojo el miedo de la noche

sólo para unirme a tus recuerdos

y llenarme de ambos.

El sereno recorre las horas

erizándome los sentidos;

te temo exactamente igual.

Estoy aquí,

extrañando amanecer en silencio,

porque las palabras

eran funciones olvidadas,

respiros nocturnales en el pasillo

por donde debía marchar

a las asquerosas calles

rebotando a solas por las aceras

como vil vaso desechable.

Por eso espero a que amanezca,

a que la aurora penetre en ti

y en mis temores;

aceptando ésta noche

ser un día y número más

de lo que va de vida.

Salgo entonces,

recogiendo el miedo

que padezco por las aceras

y me declaro inocente

por seguir amando la libertad.

 

 

 

 

¿Por qué el silencio niña?,

es tarde y los motores de los autos

estremecen el asfaltado corazón de las calles.

El silencio es un animal que daña, extraña,

y no se cómo armar al decantado cielo

que se oculta tras la lluvia atípica

se va metiendo indolente en las entrañas.

Tampoco sé colgar en las estrellas la desnudez

de todos los segundos que transitan por cada

sílaba de la palabra olvido.

Paseo la memoria que se extiende a cada paso

en el murmullo que despierta la noche

cuando tu sombra degüella la silueta

de los pájaros.

Y cuando se quiere eliminar, como a ti, se extraña,

la ciudad se agranda

y se nutren las nubes en el espejo

de charcas astilladas por las ruedas

de los autos – caleidoscopio perdido en una rosa-,

por ello tenlo contigo huraña,

o es acaso una artimaña.

Las huellas de mis ansias deambulan

sin prisa entre la pátina del jueves,

entre los tambos de basura,

entre las sombras que se visten

con los aretes de jueves que luce la semana.

No importa niña,

sigue dándomelo cada mañana,

busco en tus senos el jueves nuestro

-de cada día-

y en la ternura del canto las lágrimas

de lluvia atípica,

que yo en la necedad de ti, niña,

no dejo de florecer sorteando mañas.

Es tarde y los motores de los autos

no cesarán de estremecer las calles

que amenazan con exterminar

con este día.

 

 

 

 

AY DE MÍ

 

Sentado,

repto por entre la náusea de pasillos

que significan la vida,

rapto momentos de ayer

para entretenerlos hoy

ante la ruptura de lo irreal.

 

Fin del principio

en esta angustiante etapa,

atraviesas hasta el centro

de las vivencias y revives

intentando redimir lo sucedido.

 

Las garzas que han volado

por encima de las alfombras verdes,

nada tienen que ver

respecto a las gaviotas de arena dorada

y mar azul:

adorada imagen que se regodea

de ser la única interna

en este espacio.

 

Luz de sol,

soledad de estar solo

en el sólido paraje que se

enfrenta:

soledumbre.

 

No me levanto,

y asido, menos,

no podría hacerlo

en el país que padezco

sin quererlo.

 

Ay de mí,

un ilusorio corredor me aguarda,

mientras, iluso ignoro

por qué deseo ilusionado

continuar aquí,

sumido en esta desazón

que lastima.

 

 

 

 

Cuando llegué y te vi ahí

lo supe

jamás volverá a ser lo mismo

qué difícil

y es que estabas tan bella

tan distinta

tan tú sin serlo ahora

pero eras

bastó mirarte a los ojos que resaltaban

azules

inmensos océanos inquietos

verdaderos

vertederos en donde me arrojé

mil veces

luego de convertirte en mujer

ahora

sé que fuiste de otros y muchos

asesinos

certero hachazo a la inocencia

indecente

matar para ponerte gruesas joyas

doradas

que te adornan todo el cuerpo

maduro

investida en ropas que desconozco

pobreza

de la que huiste ambiciosa

la tierra

es para los jodidos como yo dijiste

cobardes

que vivimos del sudor de nuestras frentes

me voy

mis aterradas manos no sirven para zafarte el cuello

no saben

cuelgas de un puente peatonal muy pelón

y sola

que el recuerdo y un dios de haberlo

te salven.

 

 

 

 

He de decirte que me expongo.

que alzo la voz desde el silencio trasero

para que la vida no pase sin mí

la próxima estación.

Que la locura me pide por las noches

hacer una verso verde

que brille sobre tu almohada

como sobre la cordura

duerme el arrepentimiento.

Se me ha ido olvidando llover,

tus gotas desesperadas

mojan las escaleras de mi garganta.

Me crecen gritos,

pero mi boca no los deja salir,

desayuno rutinas

y me invento ilusiones de arena

con las que descalzo

colecciono espejos quebrados

en donde verme roto,

he de decirte que a veces,

me voy poniendo triste

para poderme doler.

 

 

 

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