Yorgos Seferis

 

Rima

 

Labios, guardianes de mi amor que iba a apagarse;

manos, lazos de mi juventud que iba a escaparse;

color de un rostro caído en un lugar de la naturaleza…

 

árboles… pájaros… caza…

 

Cuerpo, negro al sol ardiente como la uva,

cuerpo rico de mi barco, ¿adónde viajas?

Es la hora en que se hunde el crepúsculo

y me canso de buscar las tinieblas…

 

(Nuestra vida se acorta cada día)

 

 

 

 

Negación

 

En una playa secreta

blanca como una paloma

tuvimos sed en la tarde;

pero el agua era salobre.

 

Sobre la arena tan rubia

hemos escrito su nombre;

qué bien que sopló la brisa

y se borró la inscripción.

 

Con que corazón, que aliento,

qué deseos, que pasión

tomamos la vida: ¡error!

Y así cambiamos de vida.

 

 

 

 

 XXIII

 

Un poco aún

veremos los almendros florecer

brillar al sol los mármoles

el mar romperse en olas

 

un poco aún,

alcémonos un poco más arriba.

 

 

 

 

El jazmín

 

Ya anochezca,

ya haya luz,

sigue blanco

el jazmín.

 

 

 

 

Penteo

 

La noche le carga de sueños de frutas y de hojas;

el alba no le deja coger ni tan sólo una mora.

Y ambas reparten sus miembros entre las Bacantes.

 

 

 

 

Sobre un rayo de sol invernal

 

1

Hojas de lámina mohienta

de la pobre cabeza que pudo ver el fin;

los centelleos escasos.

Hojas que se voltean al paso de gaviotas

bravías en invierno.

 

Con un pecho que se franqueara

los danzantes en árboles trocáronse

un gran bosque de árboles desnudos.

 

 

2

Se queman las algas blancas

surgientes Greas sin párpados

formas que ayer danzaban

llamas petrificadas.

El mundo fue cubierto por la nieve.