Elogio de la sombra: Jorge Luis Borges

Sin proponérmelo al principio, he consagrado mi ya larga vida a las letras, a la cátedra, al ocio, a las tranquilas aventuras del diálogo, a la filología, que ignoro, al misterioso hábito de Buenos Aires y a las perplejidades que no sin alguna soberbia se llaman metafísica. Tampoco le ha faltado a mi vida la amistad de unos pocos, que es lo que importa. Creo no tener un solo enemigo o, si lo hubo, nunca me lo hicieron saber. 

     La poesía no es menos misteriosa que los otros elementos del orbe. Tal o cual verso afortunado no puede envanecernos, porque es don del Azar o del espíritu; sólo los errores son nuestros. Espero que el lector descubra en mis páginas algo que pueda merecer su memoria; en este mundo la belleza es común.

J. L. B.

Buenos Aires, 24 de junio de 1969

 

 

Heráclito

 

 

El segundo crepúsculo.

La noche que se ahonda en el sueño.

La purificación y el olvido.

El primer crepúsculo.

La mañana que ha sido el alba.

El día que fue la mañana.

El día numeroso que será la tarde gastada.

El segundo crepúsculo.

Ese otro hábito del tiempo, la noche.

La purificación y el olvido.

El primer crepúsculo…

El alba sigilosa y en el alba

la zozobra del griego.

¿Qué trama es ésta

del será, del es y del fue?

¿Qué río es éste

por el cual corre  el Ganges?

¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?

¿Qué río es éste

que arrastra mitologías y espadas?

Es inútil que duerma.

Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.

El río me arrebata y soy ese río.

De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.

Acaso el manantial está en mí.

Acaso de mi sombra

surgen, fatales e ilusorios, los días.

 

 

 

James Joyce

 

 

En un día del hombre están los días

del tiempo, desde aquel inconcebible

día inicial del tiempo, en que un terrible

Dios prefijó los días  y agonías

hasta aquel  otro  en que el  ubicuo  río

del tiempo  terrenal torne a su fuente,

que es lo Eterno, y se apague en el presente,

el futuro, el ayer, lo que ahora es mio.

Entre el alba y la noche está la historia

universal. Desde la noche veo

a mis pies los caminos del hebreo,

Cartago aniquila, Infierno y Gloria.

Dame, Señor, coraje y alegría

para escalar la cumbre de este día.

 

                                                                Cambridge, 1968