Los pocos y los muchos: Octavio Paz

Toda reflexión sobre la poesía debería comenzar, o terminar, con esta pregunta: ¿cuántos y quiénes leen libros de poemas? Escribí poemas, no poesía, porque se puede discutir interminablemente sobre la segunda mientras que no es difícil convenir en el significado de la palabra poema: un objeto hecho de palabras, destinado a contener y secretar una sustancia impalpable, reacia a las definiciones, llamada poesía. La pregunta es doble y colinda con la estadística: ¿cuántos? y con la sociología: ¿quiénes, qué clase de hombres y mujeres leen poemas? Ante una pregunta semejante, Juan Ramón Jiménez respondió con la dedicatoria de uno de sus libros: A la inmensa minoría. El sustantivo minoría reduce el número de lectores a los happy-few de Stendhal, pero el adjetivo inmensa lo amplía bruscamente: los pocos son muchos. Tantos que son incontables, como todo lo que es inmenso. Jiménez opone a la mayoría contable una minoría inconmensurable. Imposibilidad lógica: si es incontable, la minoría no es minoría; si es contable, no es inmensa. Además, si la minoría es incontable, también lo será la mayoría. ¿Dos inmensidades, dos infinitudes? Sería demasiado: basta con una para abrumarnos y, literalmente, anularnos.